Brasil recordará hoy el 40° aniversario del último golpe militar con una proliferación de seminarios de reflexión y publicaciones, en un ambiente calmo y muy diferente del crispado de nuestro país. El ejército, que se proclamó ayer «libre de resentimientos», puso de relieve «la importancia de vivir en una sociedad cuyos hijos no están divididos por las pasiones ideológicas y no están expuestos a las inquietudes del pasado». Es cierto que la guerra interna en ese país fue menos intensa (se reconocen 288 personas muertas o desaparecidas), que el golpe sucedió más lejos en el tiempo (1964) y que no hubo, como en la Argentina, un conflicto bélico con otro país. Sin embargo, es para destacar la impronta que se ha dado allí a la fecha. Brasil es gobernado por un partido de izquierda y por un presidente que se enfrentó duramente al régimen militar. Pero ellos no reviven los fantasmas del enfrentamiento y no plantean visiones sesgadas del pasado.
El Ejército se proclamó «libre de resentimientos» y consideró que el golpe constituye «una página de la historia», en un mensaje emitido para la ocasión. No obstante, reivindicó en forma indirecta los «méritos», la «voluntad» y el «coraje» de los soldados que participaron en el levantamiento que culminó el 1 de abril con el derrocamiento de
«El Ejército no hizo un 'mea culpa' completo», apuntó el sociólogo Helio Jaguaribe.
El 15 de marzo se cumplieron 19 años de la vuelta de Brasil a la democracia, cuando asumió la presidencia Sarney (1985-1990), quien fue designado por un colegio electoral como vicepresidente de
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