5 de junio 2007 - 00:00

Estonia, sede de primera "ciberguerra" del mundo

Tallin - El documento de identidad de un ciudadano estonio le sirve para identificarse, como cartilla de la Seguridad Social, como carné de conducir y seguro del coche, para pagar el estacionamiento, para costearse los billetes del transporte público, recibir los informes del colegio de sus hijos e incluso para votar a través de Internet sin tener que salir de casa.

De 1.400.000 personas que habitan en Estonia, más de un millón lo tiene ya en sus billeteras, que han disminuido su grosor gracias a esta supertarjeta.

Este moderno DNI estonio es otro de los múltiples fascinantes ejemplos de cómo esta república báltica, hasta hace sólo 16 años comunista y perteneciente a la Unión Soviética, se ha convertido en un país de avanzada tecnología, puesta al uso y disfrute de sus ciudadanos, ávidos por adaptarse e incluso adelantarse a los nuevos tiempos occidentales que corren.

«Gozamos de un gran avance, pero también ello puede convertirse en nuestro punto débil si no fortalecemos las medidas de seguridad», confiesa Sven Tamkivi, manager general de Skype en Estonia, otro de los productos cibernéticos, junto a Hotmail, que tuvo sus orígenes en las ideas y trabajos de jóvenes estonios.

Tamkivi se refiere a lo ocurrido entre los meses de abril y mayo, cuando el país sufrió lo que ya se ha denominado «la primera ciberguerra del mundo». Durante más de dos semanas, las páginas web de todas las instituciones gubernamentales, los bancos y los medios de comunicación estonios padecieron brutales ciberataques que, según los expertos y la prensa internacional, «procedieron en gran parte de Rusia», llegando incluso a culpar al mismísimo Kremlin, lo que éste ha desmentido de manera categórica.

Durante días, los funcionarios estonios-(que no utilizan papel ni en sus reuniones del Consejo de Ministros) no pudieron abrir sus correos electrónicos, la gente fue incapaz de acceder a su cuenta bancaria o pagar sus impuestos, y el país tuvo que ser aislado del exterior, al tener que cortar las comunicaciones con el extranjero para impedir la entrada de más ciberataques.

«Cuando el ministro de Defensa, Jaak Aviksoo, viajó a Bruselas y empezó a relatar a sus homólogos de la Unión Europea lo que nos había ocurrido, se hizo un absoluto silencio. Fue un momento crucial para los ministros. Se había atacado con un procedimiento inédito la soberanía de un país y era hora de empezar a hablar del cibercrimen con seriedad», describe en las páginas del «Baltic Times» el experto y consejero gubernamental Linnar Viik, más conocido como Mr. Internet.

  • Expertos

    La OTAN envió de inmediato un grupo de expertos a la pequeña república báltica para estudiar lo ocurrido, sacar conclusiones y ver cómo poder evitar en el futuro esta clase de ataques. De hecho, este terrorismo de computadora del siglo XXI será el tema principal de una conferencia internacional que ya se está preparando para finales de verano (boreal). La preocupación también ha aumentado, porque lo ocurrido está directamente relacionado con un asunto político: el traslado del Soldado de Bronce, un monumento dedicado a los soldados del Ejército Rojo caídos durante la II Guerra Mundial, desde el centro de Tallin a un cementerio militar de la capital, con el consecuente malestar de gran parte de los ciudadanos rusosque viven en Estonia (26% de la población), a quienes les irritó más la forma que el fondo, ya que el traslado fue una popular promesa electoral del actual gobierno para ganar las elecciones del pasado mes de marzo.

    «Si los ciberataques hubieran tenido éxito, podrían haber echado abajo el país», asegura Tamkivi en la modernísima sala de reuniones de Skype.
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