Lucio Gutiérrez ha abandonado en el último tramo de la campaña presidencial ecuatoriana su viejo discurso de izquierda. Sin embargo, su acercamiento al FMI le ha valido serias advertencias de sus aliados indígenas.
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Unos 8,2 millones de electores estaban habilitados para sufragar en 37.282 centros electorales, pero, tal como se esperaba, hubo un gran porcentaje de abstencionismo y de votos anulados (más de 11%) por la decepción de parte de la población con el tono de una campaña que giró en torno a dos figuras alejadas de los tradicionales liderazgos políticos.
En la segunda vuelta electoral de ayer se votó al reemplazante de
Este -mencionado por algunos analistas como posible vértice de un posible eje de izquierda en la región junto con el venezolano Hugo Chávez y al brasileño Lula Da Silva-agradeció «a Dios, a su familia» y a su partido político. Además, aseguró que el pueblo «ha confiado en un hombre sencillo, honesto, en un ecuatoriano que ama profundamente a su país, que está convocando a la paz a todos, que quiere dar paz, seguridad y trabajo».
El coronel retirado superó a su rival Noboa, quien tiene una fortuna de unos 2.000 millones de dólares, prometiendo luchar contra la corrupción y reglas de juego claras para los inversores extranjeros.
La insurrección de Gutiérrez, quien estuvo detenido durante casi seis meses, le permitió consolidar una imagen de héroe que sacrificó su carrera militar por salvar a Ecuador de la corrupción y lo llevó a conquistar el primer lugar en los comicios presidenciales del 20 de octubre.
Como ninguno de los candidatos alcanzó entonces la mayo-ría absoluta, Gutiérrez pasó a una vuelta electoral definitoria con Noboa.
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