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24 de julio 2006 - 00:00

Extraña alianza Damasco-Teherán

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Damasco - Comparten enemigos: Estados Unidos e Israel. Tambiénamigos: Hamas y Hizbollah. Y enarbolan la misma bandera: la causa palestina. En una región donde son observados con recelo por sus propios vecinos árabes, y con una comunidad internacional que busca su aislamiento, Damasco y Teherán se necesitan hoy más que nunca. La guerra en el Líbano se ha convertido, a ojos de sus líderes, en una prueba más del valor de su alianza.

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Entre todos los ejes peculiares que se forman en Oriente Próximo, pocos lo son más que éste que une a los representantes del nacionalismo árabe secular y del islamismo revolucionario. Su objetivo inmediato es impedir a toda costa la aniquilación de la milicia Hizbollah, creada por los iraníes a principios de los años 80 para expulsar a Israel del Líbano y financiada a dúo desde entonces.

  • Equilibrio

  • Los servicios de inteligencia de ambos países esperan lograr su objetivo evitando entrar en guerra con Israel, según fuentes iraníes citadas por el diario «Al-Watan». «Se trata de un juego de equilibrio porque un apoyo material o directo supondría un enfrentamiento. Quedarse cruzados de brazospodría significar la desaparición de Hizbollah», asegura un diplomático europeo en Damasco.

    La nueva crisis de Oriente Próximo llega en un buen momento para estos dos socios que sólo unas semanas atrás firmaron un acuerdo militar ideado para responder a lo que llaman «amenazas comunes». El ministro sirio de Defensa, Hasan Turkmani, no esconde que el objetivo del pacto es «mantener un frente común ante Israel». Una extensión del conflicto a la región podría poner el acuerdo en práctica.

    El presidente sirio, Bashar al-Assad, recibió el lunes de la semana pasada una carta personal de su homólogo iraní, Mahmud Ahmadinejad, en la que Teherán aseguraba estar dispuesto a utilizar su ejército para defender a Siria en caso de una agresión israelí. La reciente compra de material militar iraní por parte de Siria, confirmada por ambas partes sin dar detalles de las armas, podría incluir misiles iraníes con capacidad para golpear las principales ciudades israelíes.

    El presidente Al-Assad ha optado por refirmar una vieja amistad que empezó a forjarse con el apoyo sirio a la revoluciónislámica en 1979. Damasco fue entonces el único gobierno árabe que reconoció inmediatamente el nuevo poder de los clérigos iraníes. Poco después, durante la guerra que en los años 80 enfrentó a Irán e Irak, los sirios volvieron a ponerse del lado de Teherán para contrarrestar la influencia de Saddam Hussein en la región, dejando a un lado el hecho de que tanto Irak como Siria estaban gobernados por regímenes seculares baazistas. La llegada al poder de Bashar al-Assad en 2000, tras la muerte de su padre, Hafez al-Assad, estuvo acompañada de esperanzas de reformas políticas y alternancias diplomáticas. Ninguna de las dos se han cumplido.

  • Relaciones deterioradas

    Lejos de alejarse de la línea marcada por su padre, Bashar ha deteriorado sus relaciones con Occidente y se ha aproximado más a Irán.

    El régimen sirio ha tratado de escapar de su aislamiento virando hacia el Este, buscando relaciones con países asiáticos y alejándose cada vez más de Occidente. Pero Damasco también ha fijado límites a su alianza con Irán, dejando abierta la puerta a nuevas posibilidades en el futuro. El ministro de Defensa Turkmani descartaba recientemente el ofrecimiento iraní de instalar una base militar conjunta en suelo sirio. «La presencia de militares extranjeros nos es ajena. Quiero dejar claro que no es una posibilidad», aseguraba Turkmani.

  • Liderazgo

    La fidelidad de Siria a Irán está lejos de ser una garantía indefinida. La crisis iniciada por Hizbollah con el secuestro de dos soldados israelíes y los bombardeos de Tel Aviv en el Líbano han servido para aumentar la figura del presidente Al-Assad como líder de la resistencia contra Israel y EE.UU., fomentando una muy necesitada dosis de popularidad para un presidente que sigue lejos de alcanzar el estatus de su padre.

    Pero la colaboración con Teherán, apoyada por la calle, difícilmente aportará al líder sirio las soluciones para una economía nacional en crisis, el crecimiento del islamismo radical o su aislamiento internacional. Damasco sabe que cada paso que da en dirección a Irán lo aleja de Europa y de Estados Unidos.

    Y, por el contrario, un distanciamientole ofrecería la oportunidad de reengancharse en la comunidad internacional. El desenlace de la guerra que Israel libra estos días junto a sus puertas podría, a largo plazo, inclinar la balanza hacia uno u otro lado.
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