El Santo Padre mencionó expresamente a Irak, Tierra Santa y Africa en su discurso, leído a decenas de miles de personas en la Plaza de San Pedro y televisado en directo a lo largo y ancho del mundo.
Rezó porque la humanidad pueda encontrar la fortaleza para «afrontar el inhumano, y por desgracia creciente, fenómeno del terrorismo, que rechaza la vida y trae dolor e incertidumbre a las vidas diarias de tantas personas trabajadoras y pacíficas».
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