El gobierno francés anunció ayer que flexibilizará más la ley que impuso un tope de 35 horas al trabajo semanal. Con ese límite se intentó que las empresas contraten más personal en lugar de conceder horas extras. Tuvo un fracaso rotundo: no sólo no redujo el desempleo, sino que lo aumentó ya que implicaba en la práctica un aumento al de por sí alto costo que tiene una empresa francesa para contratar a una persona.
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Flanqueado por pesos pesados de su gobierno conservador, Raffarin desgranó en rueda de prensa una batería de propuestas, que serán presentadas al Parlamento en enero, para «finalizar la reforma» de las 35 horas, ley emblemática de su predecesor de izquierda.
Las horas adicionales del «tiempo escogido» no podrán ser pagadas menos que las actuales: 10% en las empresas de menos de 20 trabajadores, y 25% en las demás. En tanto, el total de horas extra no deberá rebasar las directivas europeas.
Para dar más «libertad» a los asalariados en la utilización de sus días de recuperación, éstos podrán, al final de cada año y en condiciones fijadas por acuerdos de empresa, transformarlo en dinero, invertirlo en una cuenta de ahorro para la jubilación o acumular ese tiempo para una formación profesional o un permiso sabático o para adelantar la jubilación.
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