Brasilia (AFP) - Las propuestas de uno de sus asesores de cortar gastos e imponer controles cambiarios le valieron al candidato opositor, Geraldo Alckmin, críticas por parte de ministros del presidente Luiz Inácio Lula da Silva y de operadores de mercado.
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La polémica surgió por declaraciones hechas el martes en un seminario en Rio de Janeiro por el economista Yoshiaki Nakano, mencionado para altos cargos gubernamentales si Alckmin derrota a Lula en la elección del domingo 29. Nakano afirmó que los pilares de la actual política económica -superávit primario, cambio fluctuante y metas de inflación- no aseguran el despegue económico de Brasil, cuyo PBI crece a pasos lentos (2,3% en 2005), según un resumen de su intervención publicada en el diario «Valor».
La política de Nakano pasaría por un recorte de gastos, de las tasas de interés, del costo de la deuda e incluso del flujo de entrada de capitales.
Primer paso: reducir gastos, lo cual evitaría aumentar impuestos para financiar el costo del Estado. La semana pasada, en declaraciones a «Valor», Nakano había estimado que esa reducción podría ser de 60.000 millones de reales (unos 28.000 millones de dólares) ya en 2007, equivalentes a 3% del PBI.
Ese recorte abriría la puerta a menores tasas de interés (las de Brasil son las más altas del mundo en términos reales). Las tasas menores dejarían de atraer capitales externos a los papeles brasileños, y con eso el real dejaría de valorizarse frente al dólar, atendiendo de ese modo un reclamo de los exportadores.
Un dólar más caro podría presionar la inflación al alza, admite Nakano, y por eso Brasil podría adoptar un control de capitales, para ayudar en la corrección de la tasa de cambios hasta que la tasa de interés interna coincida con las que se practican en el exterior.
«Los países que crecieron lo hicieron a través de la integración comercial, con algún control de flujo de capitales. Brasil, al contrario, tomó el camino errado e hizo la integración financiera», afirmó el economista.
Sabiendo que sus declaraciones podían provocar una tempestad, Nakano advirtió: «No hablo en nombre de nadie ni soy candidato a nada».
Enfurecido
Alckmin, al enterarse de esas propuestas, se enfureció: «No, no voy a recortar (gastos). Eso no consta en mi programa. En mi gobierno, el único que habla soy yo».
De todos modos, Nakano llevó agua al molino de Lula, cuyos allegados no paran de machacar que la llegada de Alckmin al poder tendría por consecuencia la supresión de programas sociales y la privatización de grandes firmas nacionales, como Petrobras o el Banco do Brasil.
«No entiendo cómo podrían cortar 60.000 millones de reales en un año. A menos que tirasen una bomba y acabasen con todos los programas sociales», comentó el ministro de Hacienda, Guido Mantega.
La reacción también vino de sectores financieros, que en 2002 veían con recelo la llegada al poder de Lula.
«Con sus ideas nostálgicas de imponer controles de capitales y gestión de la tasa de cambio, el economista Yoshiaki Nakano (...) apartará al candidato Alckmin de los agentes de mercado», afirmó Nathan Blanche, de la consultora Tendencias.
«Si el mercado asocia esas propuestas heterodoxas al candidato, podría hasta repetirse el episodio vivido por los mercados en 2002, relacionado con el entonces candidato Lula. Lo que costó muy caro a Brasil, que vio su riesgo-país subir a 2.400 puntos», insiste Blanche.
Si hacía falta otra señal de que los tiempos cambian, Lula apareció el martes en un acto electoral en San Pablo junto a Delfim Neto, responsable del «milagro económico brasileño» durante el régimen militar (1964-85).
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