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El ministro de Defensa, José Viegas, afirmó en un artículo de opinión que "es necesario que dejemos de lado resentimientos y nos unamos, todos, en la construcción de un país más justo, en el cual el papel de las Fuerzas Armadas es, sin duda, de los más relevantes".
En todos los cuarteles del Ejército brasileño fue leído este miércoles un mensaje de su comandante, general Francisco Roberto Albuquerque, en el que pidió a los militares que vean "al 31 de marzo del 64 como una página de nuestra historia, con el corazón libre de resentimientos", según el texto difundido el martes en la prensa.
En su artículo publicado en el diario Folha de Sao Paulo, Viegas dijo que es necesario "encontrar el punto de equilibrio entre, por un lado, la conveniencia para el país de no hacer sangrar heridas del pasado y, de otro, la necesidad de mantener viva la memoria de los hechos que ninguno de nosotros, y aquí también hablo en nombre de las Fuerzas Armadas, desea que se repitan".
La orden del día leída en los cuarteles destacó por su parte "la importancia de vivir en una sociedad cuyos hijos no están divididos por las pasiones ideológicas y no están expuestos a inquietudes del pasado".
El ministro de Lula afirmó que "en la historia de nuestra vuelta a la democracia, una historia que tiene en la amnistía un marco importante, las Fuerzas Armadas se revelaron prontas y maduras para una perfecta integración y para el pleno respeto de sus deberes constitucionales".
Una amnistía "amplia, general e irrestricta", que benefició a opositores y guerrilleros por un lado y a militares que cometieron delitos durante la represión por otro, fue aprobada por el gobierno militar brasileño en 1979, seis años antes de la asunción en 1985 de un presidente civil de transición, José Sarney, designado por un Colegio electoral.
El Estado brasileño reconoce que durante el régimen militar, 288 personas resultaron muertas o desaparecieron a manos de los organismos de seguridad.
Militares retirados, por su parte, sitúan en 122 los muertos a manos de organizaciones guerrilleras.
Ex guerrilleros integran el gobierno Lula, como el ministro de la Casa Civil (jefe de gabinete) Jose Dirceu, canjeado en 1969 por el embajador estadounidense Charles Elbrick y que regresó clandestinamente de Cuba.
Asimismo, Dilma Roussef, que encabeza el Ministerio de Minas y Energía, es ex militante de la Vanguardia Armada Revolucionaria-Parlmares que fue torturada y encarcelada.
El diputado y presidente del Partido de los Trabajadores (PT-gubernamental), Jose Genoino, estuvo preso y fue torturado como integrante de la guerrilla rural maoista de Araguaia a principios de los años 70.
Viegas dijo que las Fuerzas Armadas brasileñas "son leales a la institucionalidad democrática y al poder electo por el pueblo y absolutamente coherentes con los mejores propósitos de la nación como un todo. Están decisivamente comprometidas con el Estado de Derecho, en el estricto cumplimiento de su misión constitucional".
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