Gran Bretaña reabrió embajada en Irán luego de cuatro años
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El ministro de Exteriores británico, Philip Hammond, junto a su par iraní Mohammad Javad Zarif
Pero, desde la elección del presidente iraní, Hassan Rouhani, "la situación ha mejorado de manera constante, paso a paso", comparó el canciller británico.
"La ceremonia de hoy marca el final de una fase en la relación entre ambos países y el principio de una nueva relación, una que creo que ofrece la promesa de mejorar", destacó Hammond, acompañado de representantes del Ministerio del Exterior iraní.
Hammond recordó la importancia del acuerdo sobre el programa nuclear iraní firmado el mes pasado en Viena, que ha acelerado el proceso de acercamiento entre Londres y Teherán.
El acuerdo nuclear, "fue un hito y mostró el poder de la diplomacia, ejercido en un clima de respeto mutuo para resolver los desafíos comunes", resaltó el funcionario británico.
"La reapertura de nuestras embajadas es un paso clave para mejorar las relaciones bilaterales", insistió Hammond.
Su colega iraní, Mohammad Javad Zarif, afirmó, por su parte, que subsisten diferencias con algunos países europeos que pueden ser negociadas "a través de la colaboración y de un enfoque realista".
El jefe de la Oficina de Relaciones Exteriores, en declaraciones a la BBC, ha subrayado la diversidad: "hay asuntos importantes en los que tenemos diferencias fundamentales de opinión".
Precisamente, el pasado sábado, el presidente Rouhani participó de la presentación de un nuevo misil balístico a combustible sólido, en condiciones, según el gobierno, de individualizar con mayor precisión los objetivos.
Según el acuerdo entre Teherán y el Grupo 5 + 1 países, Irán no debería llevar a cabo cualquier actividad relacionada con misiles balísticos capaces de transportar armas nucleares.
Teherán aseguró que ninguno de los misiles está diseñado para ese propósito.
Y otras fricciones pueden surgir: los oficiales de Su Majestad, una vez de vuelta en la embajada, se encontraron en uno de los salones con una leyenda en persa sobre una de las paredes, escrita por los manifestantes durante el asalto al edificio.
"Muerte a Inglaterra", era la leyenda que permaneció durante cuatro años escrita por encima de un retrato de la reina Isabel.




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