Hambre y enfermedad en un tiempo de violencia
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UNIFIL, la pequeña fuerza de paz de Naciones Unidas en el sur del Líbano, indicó ayer que sólo tiene capacidad para trasladar un número reducido de convoyes logísticos y humanitarios a poblados necesitados. Además, afirmó que el ejército israelí ha ignorado los repetidos pedidos por un pasaje seguro para convoyes que transportan suministros.
En el fronterizo poblado de al-Marieyh, Nouhad Thiyab dijo que su familia aún tiene suficiente pan, aceitunas y trigo para una semana, pero que el agua potable se está agotando.
«Nosotros podemos sobrevivir comiendo pasto pero el agua es nuestro problema más grande. Estamos racionando nuestro consumo, no nos hemos bañado o lavado la ropa durante varios días», relató el maestro de 50 años que tiene cuatro niños.
«Alrededor de cinco mujeres embarazadas tienen previsto dar a luz en pocos días y no sabemos qué hacer con ellas. No teníamos antes ninguna clínica o doctor y ahora todos están demasiado asustados para salir», añadió.
Los ataques han dejado vacías las carreteras que conectan los poblados con las principales ciudades en el Sur, según relataron testigos. Muchas estaciones de servicio se han quedado sin combustible.
«Los coches están detenidos», dijo Thiyab. «Si tenemos víctimas, no podremos sacarlas del poblado.»
Shady Abou-Malik, quien es propietario de una farmacia en la ciudad de Rashiya cerca de la frontera, afirmó que han comenzado a restringir las ventas de medicinas básicas en un intento para prolongar sus reservas.
La violencia ha forzado a miles de civiles a huir de sus casas y permanecer en escuelas y parques públicos en todo el Líbano.




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