Es un paso fundamental en el deshielo de las relaciones.
La bandera de Estados Unidos fue izada por tres "marines" estadounidenses "en son de paz" y ante el Secretario de Estado John Kerry en una ceremonia con más de un centenar de invitados y presenciada por una multitud de habaneros en los alrededores de la sede.
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Los tres infantes de la marina de Estados Unidos son Larry C. Morris, Mike East y Jim Tracy, que arriaron la bandera de Estados Unidos el 4 de enero de 1961 tras romper relaciones el presidente de entonces, el republicano Dwight Eisenhower. Kerry los elogió por mantener sus "promesas" de llegar a izar la bandera otra vez en La Habana.
Decenas de habaneros de todas las edades que observaron el acto desde afuera de la embajada con respeto, gritaron "viva Cuba" y aplaudieron cuando la bandera quedó inmóvil en el mástil sin la más ligera brisa venida del mar muy cercano que la moviera.
"Kerry fue respetuoso", dijo Aida Hernández, del barrio habanero del Vedado, de 53 años de edad, quien se mantuvo junto a su pequeño perro todo el tiempo frente a las barreras colocadas en torno a la embajada, abierta desde el 20 de julio último pero inaugurada oficialmente por Kerry, el primer Secretario de Estado que visita el país desde 1945.
"Estoy asombrado", confesó Adrián, un joven de 17 años de edad que dijo no haber ido a la escuela esta mañana "para ver lo que pasaba" en la embajada. "Yo creo que el mundo está cambiando", aseguró.
Las personas que llegaron a los alrededores de la sede estadounidense desde antes de las 7 esperaron pacientemente el inicio de la ceremonia a las 10.10 pese a la muy alta temperatura ambiente.
"Yo me levanté temprano para venir. Estaba lleno de curiosidad. Pero después me alegré porque todo esto significa paz", dijo Leandro, que se identificó como un empleado, de 38 años de edad.
Cuando arribó la representación cubana encabezada por la negociadora principal cubana del "deshielo" Josefina Vidal muchos de esos espectadores gritaron "Viva Cuba Libre".
El jefe de la diplomacia estadounidense describió el acto que duró unos 45 minutos como "verdaderamente histórico".
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