Una Roma colapsada como nunca y virtualmente militarizada será sede hoy del funeral de Juan Pablo II, uno de los papas más trascendentes de los tiempos modernos. Se estima que hasta 7 millones de fieles y 200 dignatarios extranjeros participarán de las exequias. Aviones radar, helicópteros (foto), buques, 15.000 efectivos y un millar de francotiradores formarán parte del mayor dispositivo de seguridad que se recuerde, destinado a impedir cualquier posibilidad de atentado. En tanto, se conoció ayer el testamento espiritual del Papa desaparecido. En él admite que pensó en renunciar, declara no tener bienes para legar y pide que se quemen sus documentos privados.
«La situación está bajo control en Roma», dijo Veltroni saliendo al cruce de reportes que hablan de una ciudad colapsada. El funcionario precisó que se trata «del más grande evento de masas de la historia y lo estamos enfrentando».
Miles de personas, en especial polacos, continuaban arribando anoche a la ciudad, en medio de un gigantesco despliegue de seguridad (ver vinculada).