Los dos hombres que planearon los ataques del 11 de setiembre están ideando atentados contra objetivos nucleares. Así se lo confesaron ambos a un periodista de la cadena de televisión qatarí Al-Jazeera. Khaled Mohammed se identificó como jefe militar de Al-Qaeda, y Ramzi Binalshibh, como coordinador de los atentados. "Los ataques se planearon de forma que provocaran tantas muertes como fuera posible", admitieron. Confirmaron el rol clave de Mohammed Atta, encargado de fijar la fecha de la operación. Cuando se comunicaban por correo electrónico, el Pentágono era la Facultad de Bellas Artes; el Capitolio, la de Derecho; y las Torres Gemelas eran denominadas Facultad de Urbanismo. Atta precisamente estudiaba esa especialidad en Hamburgo. Para comunicarle la fecha de los ataques, Atta utilizó una adivinanza. Ese día rendirían "cuatro exámenes", porque eran cuatro los objetivos.
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Con los ojos con dos anchos pedazos de algodón pegados con cinta adhesiva me condujeron, me trasladaron a un barrio de Karachi. «Ya puede abrir los ojos», dijo una voz con tono amistoso, pero autoritario. De inmediato reconocí a mi interlocutor.
A menos de un metro se encontraba el jeque Khaled Mohammed, uno de los miembros más importantes de la dirección de Al-Qaeda.
Incluso antes de los atentados del 11 de setiembre, el FBI ya ofrecía cinco millones de dólares por su cabeza.
En otra de las cinco habitaciones me esperaba otra sorpresa.
Ramzi era compañero de departamento de los secuestradores clave del 11 de setiembre, cuando vivían en la Marienstrasse de Hamburgo (Alemania), y lo buscaron por todo el mundo. «¿Ya nos ha reconocido?», bromeó Khaled, mientras Ramzi estrechaba mi mano con afecto. «Nos reconocerá cuando los perros de los servicios de espionaje llamen a su puerta», añadió Ramzi. Khaled me dio instrucciones sobre la entrevista. «No hablará sobre nuestros medios de comunicación ni mencionará nuestros verdaderos nombres en clave -dijo-. Si, y sólo si le preguntan por nuestro aspecto, dirá que tenemos el mismo que tengamos en las fotografías que le enseñen.»
Después me pidieron que colocara la mano derecha sobre el Corán y que lo jurara solemnemente. Khaled me dio la impresión de ser un hombre astuto y directo. Fue directamente al grano y anunció algo que me dejó totalmente sorprendido:
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