Temperaturas superiores a los 30 grados y ráfagas de viento de hasta 70 kilómetros, le dieron mayor fuerza a los más de 70 incendios que comenzaron en las afueras de Sydney y que ahora amenazan la periferia norte y sur de la ciudad.
Mientras tanto, unos tres mil bomberos y voluntarios continúan tratando de dominar el fuego, y los helicópteros cisterna lanzan miles de litros de agua sobre los focos más intensos.
Alrededor de 30 incendios fueron iniciados ayer al mismo tiempo, por lo cual la policía sospecha que se fueron obra de piromaníacos, o causados por cigarrillos encendidos arrojados desde automóviles.
Varias líneas ferroviarias suspendieron hoy sus servicios y muchas escuelas amanecieron cerradas, mientras que los habitantes se les pidió que permanezcan en sus casas y que colaboren con los bomberos si el fuego se acerca.
El jefe de los bomberos, Phil Koperberg, manifestó hoy que se trata de los incendios más graves en Sydney en los últimos 30 años.
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