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Los servicios de seguridad de Bagdad anunciaron asimismo que los accesos y salidas de la capital estarán cerrados hasta el fin de la votación.
Además, los servicios de seguridad bloquearon desde hace días las calles que llevan a los colegios electorales, con un gran dispositivo policial y militar y, en varias ocasiones, incluso con fuerzas especiales.
Si la seguridad es el centro de las preocupaciones de los ciudadanos iraquíes, los políticos están preocupados a su vez por el futuro del reparto de poder entre las distintas coaliciones, sobre todo entre las chiíes y suníes.
Durante su última intervención de campaña electoral, el primer ministro saliente, Nuri Al Maliki, cuya coalición chií Estado de Derecho parte como favorita en los comicios, precisó en una entrevista difundida por la televisión estatal Al Iraquiya, que apuesta por "un Gobierno que se apoye en una mayoría parlamentaria".
Esa postura anuncia el fin de la idea del Gobierno de unidad nacional, que se basó en el denominado acuerdo de Erbil firmado en 2012 en esa ciudad septentrional por las coaliciones iraquíes, y que estipula, entre otras medidas, la división sectaria de las instituciones del Estado, incluido el Ejecutivo.
La coalición Estado de Derecho y su principal rival, la alianza laica Al Iraqiya, dirigida por el exprimer ministro Eyad Alaui, se presentan a estos comicios de manera fragmentada, con el objetivo de aprovechar los privilegios de la nueva ley electoral, que favorece más a los grupos políticos menores.
Los principales bloques que se presentan en nombre de Al Iraqiya, como Al Wataniya, Mutahidun o Al Iraquiya al Arabiya, señalaron que tienen la intención de unirse entre ellos para intentar formar el próximo Gobierno.
Por otra parte, los votantes, por primera vez en la historia de Irak, utilizarán tarjetas electorales electrónicas y su identidad será verificada con un lector de huellas digitales.
Según la comisión electoral, estos dispositivos electrónicos evitarán la falsificación, proporcionarán de forma rápida el porcentaje de la participación e impedirán la prórroga ilegal de la jornada electoral, porque su sistema está programado para bloquearse en la hora establecida por la comisión.
Estas elecciones serán seguidas por 1.057 observadores internacionales, la mayoría de ellos miembros de las delegaciones diplomáticas instaladas en Bagdad, además de 97.939 observadores locales, según datos de la comisión electoral.
Asimismo, un total de 2.361 periodistas locales cubrirán este sufragio, junto a otros 1.155 corresponsales, la gran mayoría de ellos iraquíes, que trabajan para un centenar de medios extranjeros.




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