El Papa, de 83 años, víctima de Parkinson y con otras acechanzas de salud, no había podido asistir a una ceremonia similar a la de ayer el miércoles anterior, por un cuadro definido como gástrico.
Sin embargo, el Papa se mostró ante la multitud y saludó con amplios gestos del brazo derecho a las 12 mil personas reunidas, llegó en el papamóvil hasta el atrio de la basílica y pronunció su discurso general con dos interrupciones, para tomar aire y aclarar la voz.
Sus pulmones y el corazón son los órganos de mayor riesgo, según escribió ayer el experto «vaticanista» Marco Politti, del diario romano «La Repubblica».
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