La primera sesión plenaria de mandatarios de la XXI Cumbre Iberoamericana comenzó en Asunción con un discurso del presidente de Paraguay, Fernando Lugo, en el que subrayó que en la actual coyuntura internacional "se impone una nueva visión del Estado". La crisis estuvo presente en todos los discursos pronunciados.
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El Banco Mundial el riesgo de que el sistema financiero internacional colapse como en 2008 aún no se ha despejado y que ello podría causar en América Latina un "shock" de la economía real.
La representante del BM en América Latina, Pamela Cox, vivió el único momento de tensión que se ha producido en esta cumbre, pues antes de que comenzase su intervención el presidente de Ecuador, Rafael Correa, pidió permiso al anfitrión, el presidente paraguayo, Fernando Lugo, para retirarse en protesta.
Correa se refirió a los organismos multilaterales como "chantajistas", criticó su presencia y acusó al BM de haber anulado un crédito concedido a Ecuador porque cuando él llegó al poder cambió la política económica.
El presidente de México, Felipe Calderón, convocó a diversificar el comercio para hacerlo más competitivo, a la vez que sugirió "estimular los mercados internos".
En este sentido propuso aumentar la masa laboral, los ingresos, los salarios y la confianza de la gente" como algunas de las alternativas ante la nueva coyuntura internacional.
Advirtió, sin embargo, que "no se puede crecer endógenamente, hacia adentro". "Nuestros países no tienen capacidad de compra" de allí entonces la necesidad de encarar el comercio diversificado.
El primer ministro de Portugal, Pedro Passos Coelho, afirmó que la crisis mundial obliga a los países afectados a replantarse su manejo político y económico para mantenerse competitivos.
"Los choques que han sacudido a la economía mundial son reflejo de los ajustes y reequilibrios a escala mundial. Es un cambio profundo que nos lleva a revisar nuestros hábitos de consumo y nos obliga a reformar y renovar (el Estado) para volver a ser competitivos", manifestó Passos Coelho en la sesión plenaria de la Cumbre.
Por su parte, el jefe del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, manifestó su esperanza en el que el acuerdo de "respuesta a la crisis" de la Unión Europea y la próxima cumbre del G20 sirvan para restaurar la confianza de los mercados.
"Esperamos que estos acuerdos, unidos a los de G20 (que se reúne la próxima semana en Cannes, Francia), restauren la confianza, que en definitiva es la clave de que la economía no se detenga, después de estos dos últimos meses donde nuevamente las alarmas y las luces rojas se han puesto encima de la mesa", dijo.
El presidente de Chile, Sebastián Piñera, agregó que la crisis debe "preocupar" pero también "ocupar" a los gobernantes latinoamericanos en la búsqueda de soluciones ante las dificultades que enfrentan Europa y Estados Unidos.
"Estamos viviendo una situación que debe alertarnos y no solamente preocuparnos sino también ocuparnos", sostuvo Piñera en su intervención.
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