En un clima ensombrecido por un asesinato atribuido al grupo separatista vasco ETA, España acudirá hoy a las urnas para elegir el gobierno de los próximos cuatro años entre dos principales opciones: el socialista José Luis Rodríguez Zapatero y su rival conservador, Mariano Rajoy.
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El asesinato de un trabajador y ex concejal socialista de 42 años, Isaías Carraco, en la ciudad de Mondragón, en la norteña provincia vasca de Guipúzcoa, puso fin anticipado a la campaña electoral española y enrareció el clima electoral.
En este marco, más de 35 millones de españoles, de los que más de 1 millón viven en el extranjero - la mayoría de ellos en Argentina (261.308) - elegirán 350 diputados y 208 senadores, para conformar las Cortes Generales, es decir, Congreso de Diputados y Senado.
Los diputados electos serán los encargados de votar al nuevo presidente del gobierno español, por lo tanto, sólo podrá ser elegido aquel candidato del partido que pueda encontrar los apoyos parlamentarios suficientes entre las fuerzas políticas minoritarias.
Las encuestas publicadas dan una ventaja de entre 3,5 y 5,5 puntos a favor del gobernante Partido Socialista Obrero Español (PSOE) con Rodríguez Zapatero como candidato a la reelección, sobre el opositor Partido Popular (PP), que lleva como candidato a Rajoy.
También se celebrarán elecciones en la comunidad de Andalucía, donde se elegirá un nuevo parlamento autonómico, del que también saldrá el presidente regional, entre el socialista Manuel Chávez, favorito en las encuestas, y el candidato del PP, Javier Arenas.
Los colegios electorales y las 23.106 mesas habilitadas para sufragar abrirán a las 9 horas (6 de Argentina) y cerrará a las 20 horas, en medio de un operativo de seguridad del que participan 87.000 efectivos policiales.
Aunque la conmoción que provocó el asesinato del ex concejal socialista no es comparable a la matanza del 11 de marzo de 1004, los españoles volverán a votar en un clima de excepción emocional.
Algunos analistas señalan que el atentado de ETA no provocará un vuelco electoral comparable al del 2004, y que sólo podría tener un efecto en el nivel de participación. ETA, que desde hace casi 50 años lucha por independizar el País Vasco del resto de España, irrumpió cuando se la esperaba, reconoció el propio ministro de Interior español, Alfredo Pérez Rubalcaba, quien había advertido sobre esta posibilidad al inicio de la campaña.
El funcionario dijo -en declaraciones a la radio local Cadena Ser -que no descarta que pueda haber nuevos movimientos de ETA antes de que se conozca el resultado electoral, más aún cuando cometer un atentado es fácil, "sólo se necesita un loco con una pistola".
Entre tanto, se mantiene el máximo nivel de alerta antiterrorista y las fuerzas de seguridad están alertas también a los grupos islamistas, ya que la historia reciente de España cuenta con el antecedente del atentado del 11 de marzo de 2004 -que acusó 191 muertos y 1.800 heridos- a tres días de las elecciones que dieron la victoria al presidente Zapatero.
Hasta la irrupción de ETA, la clave de las elecciones era la abstención, en torno al 30%, y la bipolarización, producto de una campaña extremadamente personalista y centrada en temas que han provocado tensión entre PSOE y PP como la economía, la inmigración y el terrorismo.
Una elevada abstención tradicionalmente perjudica a los socialitas, cuyos votantes son más volátiles, mientras el PP cuenta con un electorado muy fiel y movilizado.
Los partidos españoles, sindicatos y patronal, en una manifestación de unidad aunque deslucida pidieron ayer a los españoles que respondan al asesinato de ETA acudiendo masivamente a las urnas.
También la hija de 19 años del ex concejal asesinado, Sandra, pidió "que todo el mundo vote" para solidarizarse con su padre, un hombre valiente que "siempre dio la cara para defender la libertad, la democracia y las ideas socialistas".
Este contexto de previsible alta participación, beneficiaría al PSOE, aunque el electorado del PP también estará movilizado al máximo.
Hoy los españoles hablarán a través de las urnas y decidirán si prefieren un modelo que se presenta como "conciliador y promotor de derechos civiles y sociales" o uno que promueve de la "restauración conservadora".
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