Fidel Castro muestra lo que acaba de escribir en el libro de condolencias abierto tras la muerte del Papa. El deceso de Juan Pablo II permite a su régimen presentar un rostro menos hostil hacia el cristianismo.
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La presencia de Castro y numerosos funcionarios de su dictadura en la misa fúnebre celebrada la noche del lunes por el cardenal Jaime Ortega Alamino en la Catedral de La Habana marcó un paso importante en ese sentido, según diplomáticos extranjeros presentes en el servicio religioso.
El diario «Granma», órgano del Comité Central del gobernante Partido Comunista, dejó el testimonio de esa nueva aproximación al destinar tres de sus ocho páginas a ilustrar gráficamente este inusual episodio.
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