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Fuentes del Ejército señalaron que el general Carlos Alberto Ospina, comandante de las fuerza militares, entregará en las próximas horas un balance parcial de los enfrentamientos que se iniciaron el martes.
El ataque a un pelotón del ejército adscrito a la décima séptima brigada se produjo entre los municipios de Mutatá y Chigorodó, en el departamento de Antioquia, unos 370 kilómetros al noroeste de Bogotá, cuando patrullaban la región.
El ejército acusó del ataque a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el principal grupo rebelde con unos 17.000 combatientes y que dice luchar por imponer un sistema socialista en este país de más de 40 millones de habitantes con marcadas diferencias entre ricos y pobres.
El ataque del miércoles fue el peor que sufrieron las Fuerzas Militares en los últimos cinco años y el más sangriento desde que asumieron el poder el presidente Alvaro Uribe, el 7 de agosto del 2002, quien prometió derrotar militarmente a la guerrilla.
El nuevo revés para los militares se produce una semana después de que las FARC mataron a 16 infantes de marina en un ataque a una base fluvial de la armada en una zona selvática del departamento del Nariño, en el sur del país, y de la muerte de ocho soldados y un civil en el departamento del Putumayo, donde el mismo grupo rebelde activó un campo minado.
El comandante encargado del ejército, general Roberto Pizarro, viajó a la zona del ataque para dirigir personalmente una contraofensiva sobre la columna rebelde responsable del ataque.
Los ataques de las última semanas demuestran, de acuerdo con varios analistas, que la guerrilla -que se encuentra en un repliegue estratégico para evitar la ofensiva de las Fuerzas Militares- no ha perdido su capacidad para ejecutar golpes de gran impacto contra las fuerzas de seguridad.
Colombia, país de más de 40 millones de habitantes exportador de petróleo, carbón, café, flores y esmeraldas, afronta un conflicto interno de más de cuatro décadas que deja miles de muertos al año.
En medio de la confrontación las fuerzas de seguridad del Estado combaten a la guerrilla y a los escuadrones paramilitares de ultraderecha, que a su vez se enfrentan entre sí.
El año pasado 455 efectivos de las Fuerzas Militares murieron en ataques de la guerrilla y operaciones contra el narcotráfico y los grupos armados ilegales.
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