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5 de junio 2008 - 00:00

Obama no quiere a Hillary Clinton como su número dos

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Barack Obama y Hillary Clinton coincidieron ayer ante un foro judeoestadounidense. Fue una reunión de gestos: del primero hacia una comunidad electoralmente clave; de la segunda hacia el candidato negro, en cuya fórmula pretende colgarse.
Washington (DPA, EFE, AFP, El Mundo) -Apenas un día después de haber asegurado su consagración como candidato presidencial del Partido Demócrata para las elecciones de noviembre, Barack Obama comenzó ayer a enfrentar presiones cruzadas acerca de quién debe ser su compañero de fórmula, con todas las polémicas confluyendo en un nombre: Hillary Clinton.

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Ante la presión, el propio Obama explicó ayer que ya había conversado con Hillary y se mostró seguro de que ambos sellarán la unidad del partido después de unas primarias extenuantes que dejaron profundas divisiones entre los demócratas.

«Acabo de hablar con ella y vamos a tener una conversación en las próximas semanas. Y confío mucho en cuán unificado estará el Partido Demócrata para ganar en noviembre», dijo Obama en el Senado, negándose delicadamente a dar señales sobre si le ofrecerá una fórmula compartida.

Es que ése será, justamente, su gran desafío: garantizar la unidad del partido para evitar que John McCain, un republicano sui generis capaz de conquistar no pocos votos de demócratas moderados, le arrebate el triunfo.

«¿Qué quiere Hillary?», fue la gran pregunta que se formuló la prensa estadounidense en el día posterior a la consagración de Obama. La ex primera dama no bajó aún formalmente su candidatura, pero ya hizo trascender que desea ser la número dos de la fórmula demócrata y ayer reforzó esa sensación al elogiar la capacidad de su ex rival para convertirse en comandante en jefe, toda una novedad con respecto a sus declaraciones de campaña. Por lo pronto, la cadena «ABC» aseguró que la ex primera dama reconocerá mañana su derrota en un mitin, sin dar más detalles al respecto.

En el campo de Obama hay notables divisiones sobre la conveniencia de una fórmula conjunta, seguramente un resabio de una campaña en la que ambos se cruzaron con dureza.

  • Error

    Un importante apoyo del candidato negro, el ex presidente Jimmy Carter, habló ayer directamente contra esa posibilidad al asegurar que «sería el peor error que podría cometer». En declaraciones que reprodujo el diario británico «The Guardian», Carter (superdelegado con derecho a voto en la convención partidaria de agosto) explicó que «eso no haría más que acumular los aspectos negativos de ambos candidatos» y resaltó que los sondeos señalan que 50% de los votantes estadounidenses tiene una opinión negativa de Hillary Clinton.

    Si se toma a «ese 50% que no quiere votar por Clinton, y se suma a los que no creen que Obama es suficientemente blanco, o que no tiene la edad y la experiencia suficientes, o porque tiene un nombre que suena árabe, entonces se tendría lo peor de dos mundos», afirmó Carter, en comentarios que pueden provocar malestar en el campo Obama, señaló el diario.

    Sin embargo, quienes favorecen esa salida también se hicieron escuchar.

    El poderoso magnate de los medios Bob Johnson -de raza negra-inició una activa campaña al enviar una carta al titular del Grupo de Congresistas Afroestadounidenses, James Clyburn. En ella señala que la elección de Hillary como candidata a la vicepresidencia es la única manera de lograr la «unidad» del partido.

    Según una encuesta difundida por CNN, el 60% de los votantes no ve con buenos ojos la unión de las dos candidaturas, y preferiría que Obama eligiera a otro demócrata para la vicepresidencia. Ante este panorama, los analistas barajan varios nombres, entre ellos algunos de los que se postularon para la candidatura demócrata, como el gobernador de Nuevo México, Bill Richardson, o los senadores Joseph Biden y Chris Dodd.

  • Hispanos

    Richardson ha sido embajador de EE.UU. ante la ONU y cuenta con una amplia experiencia en materia internacional. Además, su condición de hispano le permitiría a Obama obtener una mayor penetración en este sector.

    Biden, que ha sido senador durante seis mandatos, también puede ofrecer la experiencia en política internacional de la que carece Obama, aunque sus 65 años y su trayectoria impedirían al candidato proyectar el mensaje de cambio que ha defendido durante la campaña. Lo mismo ocurre con Dodd.

    Otra de las opciones que han planteado los expertos es la del alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, un político del que se especuló que presentaría su propia candidatura a la presidencia desde que anunció su abandono del Partido Republicano y se convirtió en alcalde. La elección de Bloomberg se ha mencionado tanto para Obama como para McCain.

    También es parte de las especulaciones el ex jefe de la OTAN Wesley Clark, quien ya se postuló sin éxito para las presidenciales de 2004. Lo mismo el experto en inteligencia Evan Bayh, y el senador Chuck Hagel, quien, pese a que es republicano, ha estado contra la Guerra de Irak. ¿Pero qué aportaría y qué restaría la inclusión de Hillary en la fórmula demócrata?

    Por un lado, arrimaría los votos de los obreros blancos, los latinos y las mujeres, sectores hasta ahora refractarios al discurso de Obama. Pero como contrapartida, Obama cargaría con la figura de Bill Clinton, muy resistida por muchos votantes a pesar de la bonanza que acompañó sus dos administraciones. Es que el ex presidente ya fue más un lastre que un beneficio para la campaña de su esposa, entre acusaciones de «doble comando» -de las que se llegó a hacer eco el propio Obama cuando disparó: «No sé con cuál de los dos estoy compitiendo»- y recuerdos de los escándalos sexuales y financieros de su gestión.

    Ya en otro plano, muchos sostienen que se estaría presentando una fórmula que representaría sólo al nordeste, poco apta para atraer votos más conservadores, sobre todo del sur de Estados Unidos. Además, ambos podrían ser acusados de improvisados en materia de seguridad nacional, sobre todo en caso de que se produzca alguna amenaza terrorista.

    Por último, un dato no menor: Hillary pretende canjear su apoyo a Obama por que éste se haga cargo de sus deudas de campaña, que ascienden a 21,7 millones de dólares, 11,4 millones de los cuales los Clinton debieron poner de sus propios bolsillos. La pretensión no debe sorprender, ya que es parte de la tradición política estadounidense, pero enajenaría a Obama recursos importantes para el primer tramo de la campaña contra McCain.
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