A dos días del segundo aniversario del atentado a las Torres Gemelas y el Pentágono, el presidente de EE.UU., George W. Bush, temió ayer por un momento ser blanco de un nuevo ataque terrorista. Al llegar a un aeropuerto de Florida, el piloto del Air Force One decidió abortar el aterrizaje tras detectar un automóvil sospechoso estacionado junto a la pista. Después de nerviosas averiguaciones, se supo que no se trataba de otra cosa que del vehículo destinado a encabezar su custodia.
El piloto entonces recobró altura para efectuar pocos minutos después una segunda maniobra, esta vez sin problemas.
Entretanto, se descubrió que el automóvil que había suscitado la alarma en la torre de control era en realidad un móvil policial que tenía el encargo de preceder en algunos metros la caravana de automóviles que debía trasladar a Bush cuando descendiera del avión.
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