Ehud Olmert se defendió ayer en el Parlamento israelí. Asumió la responsabilidad por las decisiones militares y políticas, admitió errores y afirmó que no se frenarán los esfuerzos para neutralizar a Hizbollah.
Jerusalén (EFE, AFP, ANSA, Reuters) - El primer ministro israelí, Ehud Olmert, elogió ayer la Resolución 1.701 del Consejo de Seguridad de la ONU, que permitió imponer un alto el fuego a la guerra con la milicia libanesa Hizbollah, pero, pese a la vigencia de ésta, prometió «perseguir hasta donde sea y en todo momento» a los líderes de esa organización pro iraní, entre ellos, a su secretario general, Hassan Nasrallah. Además, hizo un gesto hacia la oposición, parte de la cual pide su renuncia, admitiendo que hubo «errores» en la conducción política de la campaña militar, de los que se hizo cargo personalmente.
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Para rebatir las duras críticas internas al cese del fuego, Olmert afirmó que la resolución de la ONU es «de gran importancia» para toda la comunidad internacional y «un logro diplomático para Israel».
El premier aclaró que «sólo Israel y el Líbano son responsables de su territorio», y la Resolución 1.701 «es un precedente que no admitirá que vuelva a haber un Estado terrorista dentro de otro», como «Hizbollah, el largo brazo de Irán y Siria en el Líbano».
Las críticas al manejo de la guerra de Olmert fueron duras ayer en el Parlamento (Knesset). El jefe de la oposición, el ex primer ministro Benjamin Netanyahu, líder del partido Likud, afirmó que «las metas que se fijó el gobierno no han sido alcanzadas aún», aludiendo a que la resolución de la ONU no garantiza la devolución de los dos soldados secuestrados por Hizbollah el pasado 12 de julio, uno de los motivos por los que Olmert lanzó la ofensiva militar contra la milicia chiita.
Olmert afirmó que Nasrallah y otros jefes de Hizbollah «pasaron a la clandestinidad y no serán perdonados; los perseguiremos en todo momento, y en todo lugar», y agregó: «Es nuestro deber moral y no necesitamos el permiso de nadie».
«El Estado de Israel tiene razón (en esta guerra) y no debe justificarse», explicó Olmert, quien no descartó que haya «otro round» con el grupo terrorista libanés.
«Nosotros, hijos del pueblo judío que regresó a su antigua patria después de 2.000 años, tenemos paciencia», añadió.
Netanyahu, que moderó sus críticas al gobierno «pues nuestros soldados todavía están en territorio libanés», dijo que «no existe peor enemigo del pueblo judío desde (Adolf) Hitler que (el presidente iraní, Mahmud) Ahmadinejad», quien ha llamado a «borrar a Israel del mapa», y cuyo país es el principal respaldo y proveedor de armas de Hizbollah.
«Sabíamos que no teníamos otra alternativa que salir a esta guerra justa contra Hizbollah, pensando en los peligros del futuro para Israel si no lo hubiésemos hecho ahora», señaló Olmert.
Los críticos del gobierno, algunos de los cuales, en el sector pacifista, exigen la dimisión del primer ministro, le reprochan haber ampliado las operaciones militares poco antes de conocerse la resolución de la ONU para el alto al fuego, en tanto que los detractores de la derecha lo acusan por no haberlo hecho antes.
La campaña militar «es de mi exclusiva responsabilidad», destacó Olmert, quien dijo: «No pretendo que mis colaboradores tengan que compartirla conmigo».
Además, realizó un mea culpa por «errores» durante el conflicto, que hacen que hoy su autoridad esté en entredicho. «Hubo errores. Tendremos que autoexaminarnos en todos los niveles», dijo.
Por efecto de las operaciones militares israelíes en el Líbano, «cambió el equilibrio estratégico en la región», estimó, a la vez que afirmó que los soldados israelíes salieron vencedores.
Respecto de los cuestionamientos a la conducción política de la guerra, el ministro de Defensa, el laborista Amir Peretz, se comprometió a nombrar un equipo de personas para realizar una investigación.
«Planeo cumplir mi parte de crear un equipo que realice una investigación amplia y minuciosa de todos los incidentes antes y durante la guerra», sostuvo.
Olmert, asimismo, se comprometió ante el Parlamento a « supervisar el cumplimiento puntual de la resolución del Consejo de Seguridad en el terreno», una de cuyas exigencias es prohibir el retorno de Hizbollah a la frontera con Israel, y también las gestiones para conseguir la liberación de los soldados cautivos en el Líbano. La afirmación de Olmert significa que, en virtud de la resolución de la ONU, Israel exigirá, entre otras, la liberación de los soldados secuestrados, el despliegue en la frontera de una fuerza de 15.000 soldados del ejército regular libanés y el desarme de la milicia de Hizbollah, lo que puede -según los analistas- precipitar una crisis política en Beirut.
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