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12 de octubre 2006 - 00:00

Pesadilla que empezó en Pakistán

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Las ambiciones norcoreanas iban por buen camino a finales de los años 90. El científico A.Q. Khan, padre de la bomba nuclear paquistaní, había empezado a vender secretos nucleares al régimen comunista, y uno de los últimos escollos era completar la operación sin que los servicios secretos estadounidenses, surcoreanos o japoneses detectaran el puente aéreo creado entre Islamabad y Pyongyang.

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El sigilo con el que se llevaron a cabo los envíos de alguna de las piezas clave para desarrollar las armas nucleares superó a menudo las conspiraciones de las mejores películas de espías. Khan había pactado en concreto la transferencia de una docena de centrifugadores de la clase P-1 y P-11 capaces de enriquecer uranio, el paso previo para convertir la energía nuclear en bombas. Los acuerdos incluían, además, planos y manuales para convertir energía nuclear en armas.

La misteriosa muerte en 1998 de la esposa del consejero de Asuntos Económicos de la embajada norcoreana en Pakistán, Kang Thae Yun, se convirtió rápidamenteen una oportunidad para un nuevoenvío. Corea del Norte organizó la repatriación del cadáver y ocultó en el ataúd la pieza del puzzle que le faltaba a su programa nuclear: planos y parte de los componentes de los centrifugadores. Los servicios secretos japoneses siguen al día de hoy convencidos de que Kang Thae Yung fue asesinada después de que Pyongyang sospechara que estaba vendiendo inteligencia militar a terceros países. Su desaparición eliminaba dos problemas al despejar una posible traición y ofrecer una oportunidad inmejorable de transporte.

  • Pragmatismo

  • La operación, develada por primera vez en 2002 por el periódico japonés «Mainichi Shimbun», se completó con el envío de nuevos pedidos a través de vuelosciviles y transporte marítimo. La colaboración entre Pakistán y Corea del Norte había empezado años atrás por puro pragmatismo. «Se trataba de una perfecta coincidencia de intereses.

    Corea del Norte tenía lo que Pakistán necesitaba (misiles) y los paquistaníes tenían en sus manos reactivar el programa nuclear que Kim Jong Il (líder de Corea del Norte)», según el análisis del Departamento de Estado norteamericano.

    Las necesidades militares labraron un extraño matrimonio entre una república islámica que durante la Guerra Fría había estado del lado de EE.UU. y un régimen comunista. La conexión entre ambos fue en todo momento el profesor Khan, que hace dos años admitió haber vendido tecnología nuclear a norcoreanos, iraníes y libios y que el pasado año recibió una amnistía del presidente paquistaní Musharraf.

    Pocos creen que las actividades de Khan pudieran haber tenido lugar sin el conocimiento, al menos, de los poderosos servicios secretos paquistaníes.

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