En los encuentros con las jóvenes (algunas italianas y otras provenientes de países del este europeo o del norte de Africa) los clientes pagaban entre 500 y 1.000 euros.
Entre la clientela identificada durante la operación figuran algunos personajes del espectáculo, empresarios y un sacerdote.
La policía puso fin a la actividad de una organización -compuesta por 9 mujeres y un hombre- que había puesto en marcha siete centros estéticos, donde se llevaban a cabo los encuentros sexuales.
Las jóvenes habían sido reclutadas con la promesa de poder trabajar en el campo de la moda.
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