Un control de alcoholemia rutinario en Estados Unidos terminó en un claro ejemplo de abuso policial. Un conductor que circulaba por una ruta de Minneapolis fue salvajemente agredido cuando un efectivo intentó que hiciera el test.
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Por conducir durante 20 kilómetros a exceso de velocidad, un Policía le llamó la atención. Al detenerse, se negó a que le hagan el control que registra el nivel de alcohol en sangre.
En ese momento, el uniformado comenzó con una paliza que terminó con la hospitalización del hombre por diversos traumatismos y cortes en un ojo. Como si la golpiza no fuera suficiente, el representante de las fuerzas de seguridad pidió refuerzos para que colaboren con las agresiones.
Cinco policías más llegaron al lugar y, sin preguntas de por medio, patean y dan golpes de puño a la víctima.
Las imágenes fueron captadas por la cámara del patrullero y son la prueba principal del hecho. El hombre realizó la denuncia y el caso es investigado por el FBI.
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