El conflicto nuclear entre Irán y Occidente comienza a parecerse peligrosamente al que precedió a la guerra en Irak. El jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, refrescó su protagonismo de los últimos días y señaló que los EE.UU. «mantienen abiertas todas las opciones, incluso la militar». Ya sea estrategia retórica o escalada real, la línea más dura parece imponerse una vez más en Washington para lidiar con los llamados «Estados canallas». El peligro es que estas declaraciones comiencen a resquebrajar el valioso consenso internacional respecto de Irán, que permitió el fin de semana elevar su caso al Consejo de Seguridad de la ONU con el visto bueno, incluso, de Rusia y de China. Previsiblemente, las voces críticas recordarán ahora las advertencias sobre el arsenal de armas de destrucción masiva atribuido a Saddam Hussein antes de la guerra en Irak, que se probaron incorrectas. Pero, en este caso, se ha comprobado que Irán cuenta con un instructivo para elaborar bombas atómicas, lo que no mereció hasta ahora más que endebles intentos de justificación de la República Islámica.
Casi una postal de lo que EE.UU. denuncia como «eje del
mal»: el canciller cubano, Felipe Pérez Roque, entregó ayer al
presidente iraní, Mahmud Ahmadinejad, un mensaje de solidaridad
de Fidel Castro ante el conflicto nuclear.
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«Todas las opciones, incluso la militar, están sobre la mesa», dijo el jefe del Pentágono al diario alemán «Handelsblatt», en una entrevista que se publica hoy.
«Cualquier gobierno que diga que Israel no tiene derecho a existir está revelando su posible conducta futura», indicó.
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