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9 de julio 2003 - 00:00

Primera prueba de que EE.UU. falseó datos para la guerra

George W. Bush encargó a comienzos de 2002 a Joseph C. Wilson viajar a Níger para averiguar si era verdad que Irak había intentado comprar uranio ligeramente enriquecido en este país. Su conclusión fue que era imposible que se hubiera producido tal venta. Sin embargo, Tony Blair y George W. Bush, meses más tarde, retomaron la versión para intentar convencer a los países del Consejo de Seguridad de la ONU de que era imperioso atacar Irak. Joseph C. Wilson escribió en "The New York Times", en un artículo que reproducimos, que "fuimos a la guerra con pretextos falsos", lo que obligó ayer al vocero de la Casa Blanca para Seguridad Nacional, Michael Anton, a reconocer que "ahora sabemos que los documentos que mencionaban una transacción entre Irak y Níger fueron falseados".

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En febrero de 2002, recibí una comunicación de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) sobre determinadas preguntas que el gabinete del vicepresidente


Pasé los siguientes ocho días bebiendo té de menta azucarado. Conocí a miembros del gobierno de entonces, a miembros de gobiernos anteriores y a otros involucrados en el negocio del uranio. No tardé mucho tiempo en llegar a la conclusión de que era enormemente dudoso que hubiera tenido lugar una transacción de esa naturaleza. Dada la estructura de los consorcios empresariales que explotan las minas, resultaría extraordinariamente difícil para Níger llegar a vender uranio a Irak. El negocio del uranio de Níger consiste en dos minas, Somair y Cominak, explotadas por intereses franceses, españoles, japoneses, alemanes y nigerianos. Si el gobierno quisiera llevarse uranio de una de las minas, tendría que notificarlo al consorcio correspondiente que, a su vez, se encuentra bajo estricta vigilancia de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA). Por lo que se refiere al dichoso memorándum, jamás llegué a verlo. En cualquier caso, las noticias periodísticas subrayaban el hecho de que los documentos contenían errores manifiestos (como el ir firmados, por ejemplo, por altos cargos que ya no formaban parte del gobierno) y que probablemente habían sido falsificados.
Creí que el tema de Níger estaba ya superado. En setiembre de 2002, sin embargo, volvió a salir a la palestra.





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