Un día antes del funeral de Juan Pablo II, que reunirá en Roma a 200 dignatarios extranjeros y a millones de personas, el Vaticano divulgó el testamento espiritual del Pontífice. En él, Karol Wojtyla confiesa haber pensado en la renuncia a partir del año 2000, muestra sus dudas sobre si debía ser enterrado en Polonia o en el Vaticano, pide que se destruyan sus documentos personales y reafirma que no deja bienes materiales.