Tras varios días de ofensiva militar de las fuerzas rusas y crimeas, Ucrania perdió casi toda su flota de guerra ubicada en la península de Crimea, por lo que lanzó un pedido desesperado a sus tropas para resistir dentro del último buque que les queda en esa región.
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El buque de guerra Konstantin Olshanski y el dragaminas Cherkassi son los últimos dos barcos que aún mantienen la bandera ucraniana en sus mástiles en las costas de la península de Crimea, la región que en las últimas semanas se independizó de Kiev y fue anexada a la vecina Federación Rusa.
Desde la anexión, los buques, los aeropuertos y las bases militares ucranianas cayeron como un dominó ante la incuestionable superioridad de las tropas rusas y la inacción del gobierno interino de Kiev, que no ha conseguido un apoyo militar concreto de sus aliados occidentales para enfrentarse a la potencia vecina.
En una nueva ofensiva, soldados de Moscú y fuerzas crimeas, denominadas como autodefensas de Crimea, tomaron el control del Centro de Operaciones Psicológicas y de Información de la Armada ucraniana en Simferópol, capital de la península incorporada esta semana a Rusia, según la agencia de noticias EFE.
Pese al malestar que reina entre los mandos ucranianos en Crimea por la inacción de su propio gobierno, las autoridades en Kiev pidieron a la tripulación de Olshanski que resista.
"Olshanski tiene todo su armamento en regla y los marineros tienen en mano armas de tiro", aseguró el ministro de Defensa ucraniano, Igor Teniuj.
Hasta el momento las fuerzas rusas y sus aliados crimeos no han tenido que disparar ni un solo tiro para adueñarse de casi toda la flota de Ucrania, sus bases militares en la península y los puntos más estratégicos, como los aeropuertos.
"A pesar de que se dio orden a los comandantes de que usaran las armas, no las usaron para evitar el derramamiento de sangre", explicó ante la prensa Teniuj, quien sigue sin definir un plan para evacuar a las tropas leales que están detenidas o resisten en Crimea.
El avance ininterrumpido de Moscú sobre la península del Mar Negro demostró que Kiev no puede enfrentar a la potencia vecina sola.
Por eso la atención del nuevo gobierno ucraniano, surgido tras la destitución del presidente prorruso Viktor Yanukovich, estará puesta mañana en La Haya, donde los líderes de las potencias occidentales se reunirán para decidir una respuesta conjunta al avance ruso sobre Crimea.
Convocados por el presidente estadounidense, Barack Obama, al margen de una cumbre sobre seguridad nuclear, los líderes del G7 (Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, Canadá, EEUU y Japón) y de la Unión Europea (UE) intentarán consensuar sanciones que aislen y debiliten al Kremlin.
El primer ministro británico, David Cameron, adelantó esta semana que discutirán la eventual expulsión de Rusia del G8.
Tanto EEUU como la UE impusieron sanciones económicas y diplomáticas contra decenas de funcionarios rusos, ucranianos y crimeos, pero hasta el momento estas medidas sólo provocaron comentarios irónicos entre los afectados.
En tanto, la anexión rusa avanza de manera vertiginosa. Moscú ya repartió pasaportes entre los crimeos que lo demandaron, las banderas de la potencia ya flamean en los edificios gubernamentales y este lunes entrará en vigencia el rublo, la moneda rusa.
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