Un nivel de participación calificado como "sin precedentes" obligó ayer a extender en ocho horas el cierre de las urnas en Venezuela. Así, al cierre de esta edición, miles de electores seguían formando largas filas frente a los centros de votación, mientras chavistas y opositores los exhortaban a persistir. El referéndum revocatorio del mandato de Hugo Chávez se desarrolló con normalidad, y las suspicacias que generaron las demoras fueron menores y rápidamente desestimadas por los veedores internacionales. Un triunfo del polémico presidente venezolano sería visto por los mercados como un mal menor en tanto y en cuanto sirva para sacar a Venezuela de la crisis política, sosteniendo su producción petrolera en la actual coyuntura de precios récord. Claro que eso sería posible si la oposición y la comunidad internacional -fundamentalmente EE.UU.- reconocieran como válido el proceso. Un triunfo opositor, por su parte, obligaría a convocar a elecciones presidenciales en 30 días y forzaría a ese heterogéneo arco a unificar criterios para no concurrir dividido y no propiciar, así, un retorno del chavismo.
El entusiasmo por votar alcanzó ciudades como Miami y La Habana. En todo el distrito de Florida había 17.000 inscriptos para emitir su voto y otros 23.000 en el resto de EE.UU. En Cuba hubo 632 inscriptos, casi todos enfermos que reciben tratamiento en los hospitales de La Habana.
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