Tras la
toma de la
cárcel de
Jericó
(arriba a la
derecha y
abajo), el
extremista
palestino
Ahmed
Saadat se
entregó a
las fuerzas
israelíes
(izquierda).
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El asedio dio lugar a sucesivos tiroteos y bombardeos en los que murieron tres palestinos, entre ellos un preso y un policía de la Autoridad Palestina (AP).
Durante el asalto, el ejército israelí prohibió la entrada a la ciudad tanto a civiles como a periodistas, y desplazó a la zona fuertes contingentes militares y policiales, así como tanques y helicópteros.
Excavadoras destruyeron a lo largo del día el muro que rodeaba la cárcel y, poco antes de la rendición de los reclusos, estudiaron la posibilidad de bombardear el recinto si los presos no se rendían de forma pacífica.
En total capturaron a alrededor de 250 presos y policías palestinos, de los cuales 76 fueron liberados por no estar acusados de delitos contra Israel, mientras el resto estaba siendo interrogado.
Saadat -que se entregó con las manos en la cabeza- y dos de sus lugartenientes están acusados por Israel de haber sido los instigadores del asesinato de su ministro de Turismo,
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