Shaha Ali Riza, la mujer que le quitó el sueño a Wolfowitz
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Shaha Ali Riza.
Los que trabajaron con ella la describen como una mujer más bien delgada que suele llevar el cabello tirando a corto, que viste de forma discreta y a la que es raro ver con faldas. "Vanidosa desde luego no es", señaló una antigua compañera.
Riza, de 52 años, pasó su niñez entre Libia y Arabia Saudí, y tiene una sólida educación, que incluye una licenciatura del prestigioso centro académico London School of Economics y un máster en Ciencias Sociales de la Universidad de Oxford.
Fue en Oxford donde conoció a su ex esposo, el chipriota Bulent Aliriza, quien trabaja como experto en temas de Turquía en el Center for Strategic and International Studies, con sede en Washington.
La pareja tuvo un único hijo, de quien Riza hablaba a menudo con sus compañeros de trabajo en el Banco Mundial.
"Su hijo es muy importante para ella", dijo una ex compañera. Tras trasladarse a Estados Unidos con su marido, de quien está divorciada, la carrera profesional de Riza se concentró en temas relacionados con Oriente Medio.
A principios de la década de los 90 entró al National Endowment for Democracy, donde conoció a Wolfowitz, quien era miembro del consejo de administración del centro, dijo recientemente al diario The Washington Post el periodista turco Cengiz Candar, un amigo de la pareja.
Wolfowitz estaba entonces casado y no sería hasta años después, tras el divorcio de Riza y la separación de Wolfowitz, que empezaron a salir juntos. A los dos les une un interés común en la promoción de la democracia en Oriente Medio.
Riza trabajó durante algún tiempo en la Iraq Foundation, un instituto que respaldaba a los exiliados iraquíes contrarios al régimen del dictador Sadam Husein.
En abril del 2003, cuando Wolfowitz era el número dos del Pentágono, viajó un mes a Irak, donde trabajó, sin sueldo, con un contratista del Departamento de Defensa en temas relacionados con la formación de un nuevo gobierno.
Su entrada en el Banco Mundial fue muy anterior a la llegada de Wolfowitz, cuando nada hacía prever que el entonces decano de la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de la Universidad Johns Hopkins (Washington) se convertiría en su jefe.
El romance fue durante años uno de los secretos mejor guardados de Washington, a pesar de que ambos se prodigaban juntos en actos sociales con altos funcionarios y periodistas. Wolfowitz ha reconocido que su decisión de fijar los detalles de las condiciones laborales de Riza fue un error.
Ella sostiene, pese a su abultado sueldo, que fue una víctima y que dejó la institución financiera en contra de su voluntad.
De momento, esas discrepancias no parecen haber afectado a su relación que, según distintos medios, sigue adelante contra viento y marea.




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