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27 de marzo 2009 - 00:00

Socialistas y la derecha se unen para desplazar al nacionalismo vasco

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El próximo líder del Gobierno autonómico vasco, Patxi López, recibió un fuerte apoyo de José Luis Rodríguez Zapatero para los comicios regionales del 1 de marzo. Por primera vez en 29 años un socialista gobernará el País Vasco, desalojando al poderoso PNV.
 Madrid - En un hecho inédito, el Partido Socialista Obrero Español y el Partido Popular (PP, conservador) llegaron ayer a un acuerdo parlamentario para desplazar del Gobierno regional del País Vasco a los nacionalistas moderados del PNV, que preside la comunidad autónoma desde la restauración democrática. De esta manera, el socialista Patxi López, segundo en las últimas elecciones, se apresta a reemplazar como «lehendakari» a Juan José Ibarretxe, quien gobernaba desde 1998. El pacto entre el PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero y el opositor PP, que lidera Mariano Rajoy, prevé que, a cambio del apoyo a López por parte de la bancada conservadora en la Legislatura vasca, un dirigente popular será presidente del Parlamento local.
El País Vasco es una próspera comunidad (provincia) del norte de España con 2,1 millones de habitantes, que es gobernada por el Partido Nacionalista Vasco (PNV, democristiano y nacionalista moderado) desde 1980, cuando se votó por primera vez presidente regional (lehendakari) tras la caída de la dictadura de Francisco Franco.
Inédito
El PNV, que postulaba nuevamente a Ibarretxe, ganó las elecciones regionales del 1 de marzo pasado con el 38,56% de los votos, un porcentaje dentro de los márgenes de sus triunfos en las tres décadas anteriores. Sin embargo, la mala performance de sus aliados nacionalistas de izquierda y la proscripción de todas las listas independentistas radicales sospechadas de vínculos con la organización terrorista ETA (entre el 10% y el 18% de los votos) permitieron que, por primera vez en la historia, el PP y el PSOE pudieran sumar 38 bancas necesarias para formar una ajustada mayoría parlamentaria «españolista».
Socialistas y conservadores, que mantienen un duro enfrentamiento en el resto de España, no formarán un Gobierno de unidad con ministros de ambas formaciones, sino que los segundos se limitarán a apoyar la elección de López y se comprometen a dar estabilidad al Gobierno si se cumplen acuerdos básicos, tal como explicaron ayer el secretario de organización socialista, Rodolfo Ares, y su colega del PP, Iñaki Oyarzábal, tras una reunión.
Ambos dirigentes dijeron que ya tienen un «preacuerdo sobre las bases políticas y los objetivos prioritarios» para lo que llamaron el «Gobierno del cambio». De acuerdo con lo estipulado ayer, la semana próxima el PP y el PSOE formalizarán el pacto.
Además, Ares resaltó que tras más de una década de dura confrontación entre el arco nacionalista, por un lado, y el PP y el PSOE, por el otro, «el País Vasco necesita un Gobierno fuerte y estable para afrontar esos retos».
El socialista López, que logró el 30% de los votos, en la mejor elección del PSOE en Euskadi, propuso un programa para conseguir mayores dosis de autonomía, pero sin llegar a los extremos del PNV, que en los últimos años había radicalizado sus postura nacionalista.
Aunque López había insistido durante la campaña en que no propondría un Gobierno «frentista» con el PP, el apoyo parlamentario del partido de Rajoy será el único con el que contará. Ares recordó ayer que procurarán sumar a otras fuerzas parlamentarias, aunque eso parece casi imposible.
Nueva dificultad
Ante el avance del pacto PP-PSOE en el País Vasco, Zapatero tendrá que afrontar una nueva dificultad en el Congreso nacional. El gobernante PSOE, que no tiene mayoría absoluta en Diputados, contaba con el apoyo del PNV como principal aliado parlamentario, lo que ya dejó de ocurrir.
El presidente del Gobierno socialista afronta un momento delicado a causa de la crisis económica que, entre otros indicadores negativos, disparó la desocupación por encima del 14%. Zapatero se verá forzado a sellar una nueva alianza parlamentaria, probablemente con nacionalistas catalanes, o a buscar acuerdos en cada votación. Según declaró Rajoy esta semana, el jefe del Gobierno español está «desorientado y acabado».
Agencia ANSA

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