17 de septiembre 2007 - 00:00

Sudáfrica: ideas absurdas agravan epidemia de sida

El presidente de Sudáfrica, ThaboMbeki, cada vez más lejos del legadode Nelson Mandela.
El presidente de Sudáfrica, Thabo Mbeki, cada vez más lejos del legado de Nelson Mandela.
Londres - Suena a broma, pero es un botón de muestra de la trágica realidad de Sudáfrica, donde uno de cada seis habitantes muere de sida mientras la ministra de Salud afirma que la enfermedad se cura con una dieta de aceite de oliva, ajo y remolacha, y uno de los hombres fuertes del régimen y candidato a presidente -Jacob Zuma- se considera a salvo del virus con tal de darse una ducha después de acostarse con mujeres infectadas.

Con semejantes líderes no es de extrañar que, aparte del trabajo y ver la televisión, ir al cementerio para los funerales de familiares y amigos sea una de las actividades a las que dedican más tiempo los sudafricanos, y que las excavadoras abran todos los días decenas de nuevas tumbas en los gigantescos y espeluznantes cementerios de Soweto, Elizabethtown, Khayelitsha y demás townships del país.

La responsable de la medicina pública, una mujer de 66 años llamada Manto Tshabalala-Msimang, debe su cargo a la influencia en el Congreso Nacional Africano (CNA) -partido dominante al que vota la inmensa mayoría de los negros- y sus excelentes relaciones con el presidente Thabo Mbeki, otro sidaescéptico que desafía el consenso universal de que el VIH es responsable de la enfermedad. Pero su posición corre ahora peligro.

  • Alcoholismo

  • La señora Manto, según ha revelado el «Sunday Times» de Johannesburgo en un artículo que ha hecho cosquillas a un gobierno que a veces parece alejarse peligrosamente de la senda marcada por Nelson Mandela, se colocó a sí misma a la cabeza de la lista para recibir un trasplante de hígado a pesar de que seguía bebiendo como una descosida, e hizo que sus guardaespaldas introdujera a escondidas botellas de whisky y vino de oporto en su habitación (una persona de su edad que no ha abandonado el alcoholismo nunca habría sido calificada para recibir el órgano que le ha salvado la vida).

    Pero la cosa es peor todavía, porque el influyente dominical ha revelado con pelos y señales que la ministra de Salud, cuando era directiva de un hospital en Botsuana en los años 70, durante su exilio del apartheid, se dedicó con regularidad a robar los relojes y otros efectos personales de los pacientes a su cargo mientras estaban anestesiados. Muchas cosas han cambiado para bien en Sudáfrica en los trece años transcurridos desde el final del apartheid. Las condiciones de vida han mejorado en los townships con la llegada de la electricidad y el agua potable, todos los años se construyen decenas de miles de nuevas viviendas para reemplazar las chozas de madera y uralita, y el gobierno practica un liberalismo económico que hace las delicias del Fondo Monetario Internacional. Pero la abrumadora mayoría del CNA, como premio a su lucha contra el apartheid, ha desembocado en el nepotismo, el amiguismo y los abusos de poder.

    El gobierno sudafricano parecía haber abandonado las extravagancias y optado por el camino de la ciencia y la razón en la lucha contra el sida, mientras Manto Shabalala-Msimang convalecía de la operación de trasplante de hígado. Su sustituta y número dos en el Ministerio de Salud, Nozizwe Madlala-Routledge, se convirtió al poco tiempo en uno de los dirigentes más populares del país, fomentó la utilización de medicamentos retrovirales y lanzó una gran campaña de prevención como nunca antes se había visto en un país donde los hombres consideran «poco masculino» utilizar preservativos.

    No se podía esperar otra cosa cuando el presidente Mbeki proclama su escepticismo sobre las causas oficiales del sida, y el ex vicepresidente Zuma dice que basta con ducharse después del acto sexual. El gobierno ha respaldado a la «doctora remolacha» a pesar de su flagrante abuso de poder, y ha destituido a Madlala-Routledge con el pretexto de que acudió «sin permiso» a una conferencia internacional sobre sida en España.

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