Terrorismo urbano alcanzó a la India
El terrorismo volvió a los trenes y subtes como objetivo: lo hizo ayer en la ciudad india de Bombay, con siete bombas que explotaron a intervalos regulares de 20 minutos. Las autoridades indias culpan al grupo extremista musulmán Lashkar-e-Taiba (aliado objetivo de Al-Qaeda), pero nadie se adjudicó el hecho criminal. La metodología utilizada obliga a recordar atentados similares y recientes, como los de Londres y Madrid. Hubo, como siempre, unánime repulsa internacional pero el terrorismo fundamentalista parece cada vez más difícil de detener.
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Fueron seis las explosiones que se sucedieron en el sistema ferroviario de Bombay,
en otro trágico día 11.
Mientras tanto, los hospitales de Bombay se encontraban desbordados por la avalancha de heridos. Ante la grave situación, Deshmukh informó que solicitó a los nosocomios privados de la ciudad que atiendan a los heridos y les aseguró que las arcas públicas se harán cargo de los costos.
A falta de ambulancias, muchas de las víctimas tuvieron que ser trasladadas a los hospitales a pie, en taxis o en vehículos privados, y muchos heridos tuvieron que ser llevados de ese modo tras ser rechazados en centros médicos que se encontraban saturados. Las autoridades anunciaron una compensación para las víctimas de los atentados de unos 2.200 dólares para los familiares de los fallecidos y 1.100 dólares para los heridos. La situación en Bombay era un caos. Las redes de telefonía fija y móvil en todo Bombay permanecieron bloqueadas durante varias horas por saturación, y muchas familias recurrieron a las cadenas de televisión y de radio para enviar mensajes a sus familiares en los que les decían que se encontraban bien.
Tras los ataques los servicios de seguridad indiosfueron colocados en estado de alerta máxima por la noche. «Estamos tomando todas las medidas posibles», declaró el ministro del Interior, Shivraj Patil.
Fuerzas paramilitares suplementarias fueron desplegadas en los aeropuertos de todo el país, y algunos comandos se posicionaron en los aeropuertos de Bombay, Nueva Delhi, Bangalore (sur) y Calcuta (este). «Se ha prohibido la entrada de visitantes en los aeropuertos y los registros de equipaje se han multiplicado», indicó un portavoz de la aviación civil.
Pese a que ninguna agrupación se adjudicó los ataques, el primer ministro indio, Manmohan Singh, prometió en un comunicado publicado en Nueva Delhi «vencer los planes diabólicos de los terroristas».
Asimismo, el responsable hizo un llamado a la calma a la población de Bombay -que cuenta con casi 18 millones de habitantes- así como a la de Srinagar, principal ciudad de la Cachemira india, escenario desde 1989 de una insurrección separatista islamista, donde también ayer se registraron ataques con granadas.
Estos son los atentados más graves ocurridos en la India en la última década, después de los perpetrados en 1993 también en Bombay, cuando una serie de ataques acabó con la vida de 257 personas y causó 1.400 heridos. Asimismo, en Nueva Delhi, un triple atentado provocó al menos 62 muertos el 29 de octubre de 2005.
La comunidad internacional condenó los atentados de manera unánime. El gobierno de Estados Unidos sentenció «los actos de violencia sin sentido» y ofreció asistencia al Ejecutivo de ese país, aseguró en rueda de prensa el portavoz del Departamento de Estado, Sean McCormack. En la misma línea, el primer ministro británico, Tony Blair, condenó los «brutales y vergonzosos» atentados. También hicieron públicos sus rechazos a los atentados el presidente francés Jacques Chirac, el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, la Cancillería argentina y el gobierno italiano, entre otros.




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