En concreto, las denuncias apuntan a que la guerrilla de Sri Lanka recluta menores huérfanos a la fuerza y que en Tailandia muchos niños que estaban en centros de derivación cuando ocurrió la catástrofe nunca llegaron a hospitales, por lo que se sospecha que habrían sido secuestrados para ser vendidos en países occidentales.
Lodi agregó que «las noticias de posibles adopciones internacionales crearon una situación de alarma en las poblaciones afectadas, sobre la hipótesis de que los niños sean retirados a las familias».
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