Madrid - Cinco paquetes de pan para sándwich,varias bandejas de pollo envasado, cuatro paquetes de garbanzos y lentejas, bricks de leche, paquetes de arroz, fruta, verdura... María hace cola en la caja del supermercado con el carro a rebosar. El miedo al desabastecimiento por la huelga de transportistas en España ha llenado el establecimiento de gente que hace acopio de comida «por si acaso», explica esta mujer, madre de una adolescente que la acompaña.
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«La gente está loca», exclama Juan, no muy lejos del lugar en el que María hace cola. Es de los que de momento han hecho caso a las asociaciones de consumidores, que aconsejan no hacer acopio masivo de productos y alimentos porque precisamente esa actitud puede empeorar una situación que a priori no tendría, dicen, por qué causar estragos.
Pero pocos son los que como Juan, que sólo quiere comprar desodorante y crema de afeitar, no han caído en el «efecto llamada», a juzgar por la afluencia de clientes en este supermercado madrileño de una conocida cadena. Situado en un barrio de clase trabajadora, las colas en las cajas son mucho más largas que lo habitual y muchos de los clientes han optado por tomar carros que llegan llenos a las cajas en vez de cestas de compra.
«La mitad la congelamos y vamos tirando del resto», dice una mujer a su hija mientras se lleva de las estanterías frigoríficas varias bandejas familiares de cuartos traseros de pollo. En las estanterías de arroz, la merma es visible. Igual que en las de quesos y embutidos. Bananas sólo quedan las que están ya muy maduras. Mientras, varias trabajadoras del establecimiento se afanan por reponer los productos agotados haciendo verdaderos esfuerzos por moverse entre la gente.
«La escasez no es tanto por falta de productocomo porque la asistencia a los puestos de los mercados se ha duplicado», corrobora el presidente de Federación de Comercio Agrupado y Mercados de la Comunidad de Madrid (Cocam), Javier Ollero.
Prevención
La huelga de transportistas está en boca de todos. En un mercado del centro de Madrid, muchos de quienes compran carne, pescado y frutas no creen que la huelga vaya a durar mucho. Pero «mejor prevenir», dice Estrella, una joven que admite que está comprando «un poco más» que cualquier lunes porque ha visto en la televisión que hay mucha gente que está haciendo lo mismo. «A ver si me dejan sin nada...», dice.
El «efecto llamada» ha tenido hasta el momento mayor incidencia en las estaciones de servicio, a las que muchos automovilistas acudieron en tromba desde el fin de semana.
Los grandes supermercados, que en previsión de la huelga llenaron más sus góndolas la semana pasada, insistían ayer en que por el momento su capacidad de reposición es normal. Pero los principales mercados de abastos de España comenzaron a notar ya una disminución en los productos frescos. Los pescadores están también en huelga por el mismo motivo que los transportistas. Y en los mercados centrales entran desde el lunes menos camiones.
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