Asunción (EFE, ANSA) - El ex general Lino Oviedo, uno de los principales protagonistas de la transición política paraguaya tras de la caída de Alfredo Stroessner, recibió ayer, con el fallo judicial que le otorgó la libertad condicional, un aliciente crucial para poder cumplir su meta de convertirse en presidente.
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«Me liberaré y gobernaré el Paraguay», prometió Oviedo a sus seguidores cuando regresó de Brasil el 29 de junio de 2004, después de haber estado primero asilado en la Argentina, luego prófugo y clandestino durante más de seis meses y, finalmente, preso en Brasil.
Este ex militar formado en Alemania cobró protagonismo público cuando el 3 de febrero de 1989, siendo un coronel de Caballería, intimó la rendición del general Alfredo Stroessner para terminar con 35 años de poder del octogenario dictador.
En los primeros años de la transición, su carrera fue catapultada hasta la jefatura del Ejército, cargo del que fue apartado el 22 de abril de 1996, tras haber encabezado un movimiento sedicioso para exigir la renuncia del entonces presidente Juan Carlos Wasmosy. Esa acción derivó en la condena que le impuso un tribunal militar, cuya pena fue ratificada por la Corte Suprema.
Al frente de una de las corrientes del oficialismo, Oviedo, de familia campesina y gestos populares (como hablar en guaraní), que lo llevan a ser venerado por los más pobres, derrotó en las internas del Partido Colorado para elegir al candidato presidencial en los comicios de 1999 a Luis María Argaña, quien luego sería vicepresidente y resultaría asesinado estando en el cargo.
Juicio político
Impugnada la candidatura de Oviedo por la condena del tribunal militar, su compañero de fórmula, Raúl Cubas Grau, tomó el relevo y ganó las elecciones con más de 50% de los votos.
El 15 de agosto de 1998, tres días después de asumir la presidencia, Cubas le conmutó la condena por golpista, lo que provocó una grave fractura en el oficialismo y desembocó en un juicio político al entonces jefe de Estado.
La tensión política se tiñó de sangre con el asesinato de Argaña, el 23 de marzo de 1999, y la muerte de siete jóvenes en la espontánea revuelta popular que se gestó para condenar ese hecho. La crisis forzó la renuncia de Cubas, el 28 de marzo de 1999, y su posterior exilio en Brasil, así como la huida de Oviedo a la Argentina desde una unidad militar donde se encontraba recluido, pocas horas antes de la dimisión presidencial.
Oviedo, considerado uno de los hombres más ricos del país, con una fortuna obtenida a la sombradel extinto presidente Andrés Rodríguez segúnsus detractores, obtuvo el asilo del entonces presidente argentino, Carlos Menem.
La petición de extradición presentada por Paraguay, que lo acusaba de inductor del asesinato de Argaña, fue rechazada por el gobierno argentino.
El 9 de diciembre de 1999, un día antes de la asunción del nuevo presidente de ese país, Fernando de la Rúa, Oviedo pasó a la clandestinidad hasta que el 11 de junio de 2000 fue detenido en la localidad brasileña de Foz do Iguaçú, con documentación falsa.
Permaneció recluido 18 meses en un batallón de la policía en Brasilia hasta que el 17 de diciembre de 2001 el Supremo Tribunal de Justicia, con el voto mayoritario de sus miembros, rechazó la petición de extradición de las autoridades paraguayas. Regresó a Paraguay en 2004 por propia decisión, sabiendo que iría «derecho a la cárcel».
«No quiero el perdón, sino la revisión (del proceso militar que lo condenó en 1998), tener un juicio justo y disponer del derecho a defenderme, que no tuve», dijo entonces Oviedo.
El ex hombre fuerte de la milicia paraguaya mantiene su protagonismo político como líder de la Unión Nacional de Ciudadanos Eticos (UNACE), la cuarta fuerza parlamentaria del país, que forma parte de la opositora Concertación Nacional.
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