El día siguiente a la caída de Saddam Hussein mostró un Irak de imágenes contrapuestas. Mientras miles de iraquíes expresaban su apoyo a los soldados de la coalición, el país pareció haber entrado en un completo estado de convulsión. En un atentado suicida en Bagdad, murió un marine y 20 resultaron heridos. Esto obligó a aumentar los controles. En tanto, se agravó la ola de saqueos, y uno de los principales líderes chiítas fue asesinado. En algunas ciudades del Norte, se sigue combatiendo. Kirkuk fue tomada por los kurdos, alarmando a Turquía, y Mossul comenzaba a rendirse anoche. George W. Bush dio un mensaje al pueblo iraquí: "La pesadilla ha terminado", dijo.
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El ataque suicida, que también hirió a tres efectivos de la invasión, fue perpetrado cuando un iraquí se inmoló en un puesto de control en pleno corazón de la capital iraquí, cerca del hotel Palestine donde se aloja la prensa internacional.
En tanto, un marine murió y veinte resultaron heridos en un tiroteo en una mezquita sunita en el centro de Bagdad, confirmaron en el comando estadounidense en Qatar.
La mezquita sunita Abu Hanifa, en el barrio de Adhamiya, fue alcanzada por disparos de las tropas estadounidenses, que sospechaban que el líder iraquí,
El atentado suicida «ciertamente refuerza el peligro que aún permanece», consideró en Washington el general del ejército,
Los helicópteros de combate estadounidenses intervinieron por la tarde durante los enfrentamientos que oponían a grupos de los fedayines de Saddam a unidades de EE.UU. en barrios periféricos.
Bagdad continua siendo un «lugar peligroso», declaró el general estadounidense
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