A pesar de estar preparada, se suspendió la maratón de Nueva York.
Por Sebastián Lacunza, enviado especial a EEUU.- La habitual multitud encandilada por los carteles en Times Square, epicentro de Nueva York, se transformó, tras el paso del huracán Sandy, en apenas unas 300 personas que deambulan en esa explanada blanca que pintan las luminarias. El escenario está montado, faltan los actores. A pocas cuadras de allí, en las inmediaciones orientales del Empire State, Nueva York es una boca de lobo. Ni una luz encendida. Sólo los autos y colectivos, muchos menos que los habituales a raíz de los problemas para conseguir combustible, rompen la oscuridad.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Así está el centro de la Gran Manzana a causa de los estragos producidos por el ciclón que tocó tierra en la noche del lunes pasado y que causó 94 muertes en diferentes estados. Aunque, la realidad de Nueva York es incomparablemente mejor que la de Atlantic City, en Nueva Jersey, y Staten Island, donde el huracán destrozó barrios enteros.
Tan desoladora es la cara de Mantattan, que el alcalde exrepublicano, Michael Bloomberg, sometido a críticas, se vio forzado a suspender el maratón programado para este domingo y que había convocado a miles de corredores de todo el mundo. Por primera vez desde 1970, no habrá maratón de Nueva York.
De alguna manera, la noche de esta ciudad se parece más este fin de semana a las de otras grandes urbes del mundo, con un centro y algunos barrios puntuales con cierto movimiento, que va languideciendo en la medida en que el caminante se aleja de las luminarias, y cuyas calles se tornan inhóspitas un poco más allá. El Manhattan de siempre, en cambio, es una continuidad de barrios que, en cuanto parece que el aura y la energía comienzan a desvanecerse, resurgen con otra fisonomía.
Hoy, el movimiento se limita a Times Square, la zona del Lincoln Center en el Upper West Side y la Quinta Avenida con su estampa de lujo que se origina en el Upper East Side.
Barrios emblemáticos de la vida bohemia, placentera, universitaria e intelectual, como East Village, Greenwich Village y West Village, a unas 30 cuadras de Times Square, son un páramo. Las siempre animadas Washington Square y, especialmente, Union Square, en el medio de estas villages, lucen deshabitadas y albergan máquinas como puntos logísticos de las tareas de reconstrucción.
La drástica diferencia está marcada por el alcance del subte. Por ahora, transita desde el norte hasta la calle 34 (Times Square está a la altura de la 42). A partir de allí, quedan unos cinco kilómetros hasta Wall Street, Battery Park y el ferry que traslada a Staten Island, o el barco turístico que da la vuelta por la estatua de la Libertad. Estos últimos barrios, como en Soho, Tribeca, Lower East Side y China Town, viven una pesadilla, con privaciones y un aislamiento que eran inimaginables hasta que el cambio climático irrumpió de manera abrupta hace pocos días.
Dejá tu comentario