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9 de enero 2007 - 00:00

Una escalada sin pausa hacia el autoritarismo

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Después de haber obtenido una nueva reelección con 63% de los votos en los comicios del 3 de diciembre, Hugo Chávez aceleró la marcha hacia lo que ha definido, con la pompa retórica que le es habitual, como «socialismo del siglo XXI». En realidad, no ha hecho más que acumular gestos del más tradicional caudillismo político y resucitar las ideas económicas que habían sido derribadas junto al Muro de Berlín (y que sólo sobrevivían a duras penas en la Cuba de los Castro). Repasemos sus últimos pasos:

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  • El 28 de diciembre último, el « comandante Chávez» brindó en Caracas un polémico discurso de fin de año ante la Fuerza Armada Nacional. Allí anunció que no renovará la concesión a una de las cadenas privadas de televisión más antiguas del país, Radio Caracas Televisión, por considerarla «golpista». Para ello puso como ejemplo la actitud de RCTV durante la asonada que lo sacó del poder por 47 horas en 2002, pero no explicó por qué, si es que había méritos, no aplicó sanciones en su momento. La decisión supone una intimidación contra las otras cadenas privadas del país (que, como la afectada, se han destacado por su línea editorial crítica hacia el chavismo) y contra toda la prensa libre.

  • En el mismo discurso, avanzó en una peligrosa politización de la FAN, al sostener que «ser institucional hoy es ser revolucionario». La frase implica el peligroso avance de asimilar la institución militar no ya al Estado, sino a su gobierno.

  • La reforma constitucional que pretende apurar (y que conducirá a la República Socialista de Venezuela, según dijo ayer) establecerá la posibilidad de la reelección indefinida, una forma elegante de aludir a su perpetuación, al menos mientras duren los altos precios del petróleo que alimentan con recursos su política populista. Avanzará en esa idea, aunque encuestas confiables muestran la desconfianza de la población: un sondeo de la firma Datanálisis acaba de revelar que sólo 42,8% de los venezolanos apoya la idea, 20 puntos menos que quienes lo votaron hace un mes.


  • El nombramiento de un nuevo gabinete, que juró ayer, implica la entronización del chavismo más duro, que acompañará sin resistencias la radicalización de su proyecto político. En esta clave hay que entender la salida del vicepresidente José Vicente Rangel, considerado, pese a su fidelidad, demasiado «dialoguista» con la oposición.

  • La cancelación de la autonomía del Banco Central anunciada ayer es una promesa de mayor gasto público, una verdadera «proeza» si se tiene en cuenta que éste se multiplicó 6 veces sólo entre 2000 y 2006. Claro, la economía creció más de 10% el año pasado debido al boom petrolero que financia la fiesta, pero la inflación trepó 17%, el triple que el promedio de la región, a despecho de los controles de precios.
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