El sentimiento de los ecuatorianos fluctuaba entre el alivio por haber superado una etapa que para el ciudadano común era de «corrupción» y la expectativa ante un nuevo gobernante en quien mantienen esperanzas, aunque sin darle carta blanca.
En la céntrica Plaza de la Independencia, frente al Palacio de Carondelet, mientras el flamante presidente asumía el cargo, una madre de familia,
«Queremos elecciones inmediatas y que se destituya este Congreso ineficiente donde hay una oligarquía corrupta», comentó la mujer, rodeada por numerosas personas que asentían sus afirmaciones.
«Confío en Palacio, pero no le vamos a dar carta blanca, tiene que hacer un gran cambio en el país», añadió.
Los mayores denuestos que se escuchaban estaban dirigidos contra el Congreso y los diputados, a quienes se tildaba de «delincuentes».
Dejá tu comentario