La Brigada de las Abuelitas por la Paz, el curioso grupo que lidera las reivindicaciones pacifistas en Estados Unidos, llega hoy a la capital del país para manifestar su oposición a la guerra en Irak.
Nueva York - Ni las prótesis de cadera, ni la ceguera, ni la sordera, ni los 91 años de vida que lleva a sus espaldas impiden a Marie Runyon seguir luchando por sus ideales. Su última proeza, como integrante de la Brigada de las Abuelitas por la Paz, ha sido realizar una caminata simbólica desde Nueva York hasta Washington DC para protestar contra la guerra en Irak. «Creo que nuestro país no ha pasado nunca por un momento peor», dice Runyon, la más veterana del grupo, quien ha vivido bajo los gobiernos de 17 presidentes y aun así considera que «éste es el más corrupto» que recuerda.
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La brigada está integrada por 18 neoyorquinas, de entre 61 y 91 años, que a pesar de la pasión con la que luchan por el fin de la « invasión», no tienen a ningún familiar en Irak. Desde el pasado octubre se han convertido en la cara más combativa e ingeniosa del movimiento contra la guerra.
Recorrer parte de la costa este del país con su mensaje es su última aventura. El pasado 24 de junio partieron de la plaza de Colón, a los pies de Central Park, para lanzarse a la conquista de la paz en América. Tras 10 días recorriendo diversas ciudades, llegarán hoy a la capital escoltadas por Cindy Sheehan para unirse a una manifestación pacifista en el Día de la Independencia.
«El propósito de esta marcha es despertar a América, inspirar a la gente y sacarla a las calles para que se unan a acciones directas que ayuden a parar esta guerra», explica Joan Wile, de 74 años. A pesar de ser la líder indiscutible del grupo, esta ex cantante de coros no empezó su carrera como activista política hasta hace tres años. Wile, horrorizada por las fotografías de niños heridos en Irak, se dijo que no podía seguir quedándose en casa tejiendo.
En su primera jornada de marcha, tardaron casi una hora en cubrir el kilómetro y medio. Bajo la lluvia, Betty Bassel (76) empujaba su andador; Runyon caminaba con su bastón de ciega y Beverly Rice, de 68 y con una operación de cadera bilateral reciente, empujaba una de las cinco sillas de ruedas que el grupo lleva para los momentos en los que las fuerzas flaquean.
Arenga
Entre una nube de periodistas, cámaras y seguidores, bajaron por Broadway ataviadas con remeras negras en las que se leía «No nos quedaremos calladas». Arengaban a los transeúntes para que se unieran a su marcha al grito de «¡Que los devuelvan a casa (a los soldados), pero vivos!», y cantaban, al más puro estilo Liza Minelli, con las notas de la canción de cabaret «There's no business like show» en su particular versión «There's no business like war».
Aunque todas las integrantes de la brigada están igual de comprometidas con su causa, algunas como Judy Lear estaban algo preocupadas ante la idea de acabar entre rejas porque en sus 63 años de vida ni siquiera le han puesto una multa de tráfico. A Marie Runyon, en cambio, la idea casi le divertía.
«Dejé de contar cuando me habían arrestado 29 veces, pero ahora deben de ser ya unas 45», dice orgullosa esta mujer que ha protestado contra la mayoría de guerras en las que EE.UU. ha estado involucrado en el siglo XX. Fruto de su activismo político son las 500 páginas de documentos del FBI desclasificados que llevan su nombre. «Siempre he sido una mujer difícil», dice con una sonrisa pícara.
El proceso judicial de la brigada (fueron detenidas en octubre) duró seis meses, pero al final salieron victoriosas porque el juez terminó desestimando el caso. Liberadas de la Justicia -que amenazaban con meterlas 15 días en la cárcel-, empezaron a maquinar nuevas acciones. «Es nuestro deber patriótico», dice Jenny Heinz, psicoanalista de 61 años. «El silencio es una forma de traición.»