Las últimas cifras oficiales daban cuenta de más de 57.000 muertos, de los cuales 27.174 corresponden a Indonesia; 17.640 a Sri Lanka, donde se cree que los fallecidos llegarán a 25.000; 10.500 en India y 1.500 en Tailandia, donde las víctimas mortales pueden llegar a 7.000.
Cientos de turistas se encontraban en las playas de Sri Lanka y Tailandia, país en el que perecieron más de 700 extranjeros en las zonas de Phi Phi, Phuket y Krabi.
Hasta hoy los muertos en Myanmar son 90, en las islas Maldivas 52, en Malasia 65, en Somalia 40, en Tanzania 10, en Bangladesh 2 y en Kenia 1.
A la tragedia de los muertos se sumó hoy la advertencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS) por las enfermedades que pueden desatarse a raíz de la cantidad de cuerpos en descomposición que hasta hoy no fueron removidos o ni siquiera encontrados.
Además, millones de personas quedaron sin viviendas, como el caso de Sri Lanka, donde 1,5 millones de habitantes perdieron sus hogares, destruidos por las gigantes olas, que a la vez desenterraron cientos de minas antipersonales.
En las últimas horas Madagascar se sumó al conteo de los países africanos que fueron afectados. Fuentes de la agencia misionaria Misna dijeron que 1.200 personas quedaron sin vivienda cuando las olas destruyeron 150 casas de pescadores.
Naciones Unidas adelantó que pedirá una cifra récord para afrontar la emergencia, que superará los 1,6 mil millones de dólares solicitados en la primavera de 2003 para Irak, tras la ofensiva anglo estadounidense, dijo a la prensa la vicecoordinadora de socorro de emergencias del organismo, Yvette Stevens.
Entre los pedidos desesperados de ayuda, la embajadora de Tailandia ante la ONU solicitó bolsas para cadáveres y medicinas.
La Organización Internacional para las Migraciones (OMI) lanzó un llamado para recaudar 4,7 millones de dólares para disponer ayuda urgente para los damnificados.
El organismo ya dispuso ayudas para 100.000 víctimas, consistentes en tiendas de campaña, medicamentos, agua embotellada y toneladas de alimentos enviadas a la península de Jaffna, norte de Sri Lanka, y a las ciudades de Batticaloa y Tricomalee, en la costa este, la más afectada por los tsunamis.
Unicef, el fondo de la ONU para la infancia, también hizo un llamado a fin de obtener mayor cantidad de ayuda y precisó que centenares de miles de personas, principalmente niñas y niños, necesitan agua potable, recursos de emergencia, medicinas de base e intervenciones de asistencia.
Luis Michel, comisario de la Unión Europea para el Desarrollo y la Ayuda Humanitaria, afirmó hoy que "es crucial no desligar el momento de la emergencia de la reconstrucción y la rehabilitación de los países afectados".
Michel consideró que sería útil "una conferencia internacional de donantes", durante un informe en el que destacó las iniciativas europeas ante la emergencia humanitaria que afecta a millones de personas.
En tanto, el ministro belga de Cooperación para el Desarrollo, Armand De Becker, invitó a Jean Louis Schiltz, su colega de Luxemburgo, país que desde el 1ro. de enero tendrá la presidencia de la UE, que convoque una reunión extraordinaria de ministros de Cooperación.
El diario The Wall Street Journal difundió hoy un pronóstico menos terrible para las economías de la región afectada, aunque prescindiendo de la tragedia humana.
Según ese matutino estadounidense las economías asiáticas podrán superar relativamente bien la catástrofe y opinó que pese a las víctimas y los destrozos millonarios en la región, el terremoto "dejó la infraestructura industrial, como los puertos y los centros turísticos más importantes, en mejores condiciones de lo que muchos habían temido en un primer momento".
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