Al menos 26 personas murieron por disparos y cientos resultaron heridos el domingo cuando manifestantes que acampaban en una plaza de la capital yemení, intentaron atacar a las líneas policiales en una dramática escalada de las protestas contra el presidente Ali Abdullah Saleh.
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Un testigo vio a las fuerzas de seguridad disparando contra los manifestantes desde edificios de altura, además de utilizar cañones de agua y gas para controlar a decenas de miles de personas, algunas de ellas agitando bastones o lanzando bombas caseras fabricadas con petróleo.
"¿Qué están haciendo aquí todavía? Que todo el mundo se mueva. Vamos a defender el honor de los mártires", ordenaba un manifestante a través de un altoparlante en la plaza del Cambio, donde miles de personas han acampado desde hace ocho meses en tiendas de campaña para pedir el final de los 33 años del gobierno de Saleh.
Miles de ciudadanos desde el campamento respondían al llamado, corriendo y cantado "Dios es grande, libertad" mientras avanzaban por la calle.
"Este es el peor día que he visto en tres meses. Todavía estamos esperando que se produzcan más muertes", dijo el doctor Jamal al-Hamdani, quien trató a docenas de pacientes heridos de bala, traídos en camillas dispuestas en los pasillos manchados con sangre.
Los médicos estimaban que cerca de 342 sufrieron heridas de bala, con 36 en condición crítica. Al menos uno de los muertos había sido alcanzado por una granada propulsada por cohete (RPG por sus siglas en inglés), dijeron.
Frustrados por su fracaso a la hora de lograr el derrocamiento de Saleh, quien se recupera en el vecino país de Arabia Saudita tras un intento de asesinato en junio, los manifestantes estaban dispuestos a elevar el tono de las protestas.
Algunos manifestantes volvieron a la plaza del Cambio cubiertos con sábanas blancas, con sus nombres y la fecha de su muerte grabada en un papel sobre su pecho.
Tawfiq, de 23 años, quien se secaba las lágrimas mientras sostenía la cabeza de su primo de 33 años, que murió por un disparo en el estómago.
"Protestamos y acampamos juntos desde el principio", contó, rodeado de numerosos dolientes sollozando y levantando los brazos al cielo. "Me di vuelta y lo vi caer. Traté de mantener la herida unida. No puedo recomponerme para llamar a sus padres".
Las tensiones se han incrementado en Sanaa en los últimos días, con bombardeos e intercambio de disparos en algunos barrios. Más temprano el domingo, hubo disparos en el distrito del norte de Sanaa, en la última violación del alto al fuego entre las tropas tribales leales a Saleh.
Estados Unidos y Arabia Saudita temen que la inestabilidad en Yemen impulse al brazo local de Al Qaeda a lanzar ataques en la región o más allá de sus fronteras. Los diplomáticos locales también temen que las tensiones pudieran derivar en una escalada militar en la capital y sus alrededores.
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