Se podría decir que la vida de Hetty Green estuvo marcada por una contradicción bastante particular, ya que mientras construía una de las mayores fortunas de su época, eligió un estilo de vida austero que alimentó su fama y la convirtió en un personaje tan admirado como cuestionado.
Su capacidad para detectar oportunidades de inversión la llevó a sobresalir en un ámbito dominado por hombres durante el siglo XIX. Pero, fue su obsesión por reducir cualquier gasto lo que terminó dejándole una imagen que todavía hoy genera debate entre historiadores y especialistas en economía.
Su avaricia extrema la llevó a acumular una fortuna.
Gentileza - Library Of Congress
La historia de la "Bruja de Wall Street", la empresaria más tacaña
Hetty Green nació en 1834 en New Bedford, Massachusetts, dentro de una familia dedicada al negocio ballenero. Desde muy chica recibió formación financiera junto a su padre y a su abuelo, quienes le enseñaron a interpretar balances, administrar cuentas y analizar inversiones cuando tan solo tenía seis años.
A los 13 años ya colaboraba con la contabilidad familiar y corregía errores en los libros comerciales. Mientras otras chicas de su generación recibían una educación tradicional, ella concentró toda su atención en los números y en los mercados financieros.
Tras la muerte de distintos integrantes de su familia protagonizó una extensa disputa judicial por la herencia, conflicto que terminó dándole notoriedad pública y por el que desarrolló una personalidad combativa que luego trasladó a sus negocios.
Con el paso de los años comenzó a invertir en bonos del gobierno estadounidense, acciones y compañías ferroviarias. Su estrategia consistía en comprar activos cuando el mercado atravesaba momentos de crisis y conservarlos durante largos períodos hasta obtener ganancias.
Su estrategia para las finanzas era imbatible.
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Durante las crisis económicas del siglo XIX adquirió títulos que muchos inversores vendían por temor, lo que multiplicó su patrimonio hasta alcanzar una fortuna que, actualizada a valores actuales, se estima en alrededor de u$s2.300 millones.
Su presencia en Wall Street también rompió varios esquemas, ya que en una época donde las mujeres casi no participaban del mundo financiero, Green se ganó el respeto de operadores y banqueros gracias a su capacidad para anticipar los movimientos del mercado.
La prensa empezó a llamarla la "Bruja de Wall Street" por su vestimenta completamente negra, por su carácter reservado y su inflexible defensa del dinero.
Las estrategias de ahorro extremo para potenciar su fortuna
Aunque disponía de una riqueza extraordinaria, Hetty Green evitó cualquier gasto que considerara innecesario, conducta que terminó convirtiéndose en una de sus principales características.
Para reducir el pago de impuestos prefería vivir en pensiones o mudarse seguido en lugar de establecer una residencia permanente. También alquilaba oficinas sencillas y rechazaba cualquier lujo asociado con su posición económica.
Otra de sus costumbres era usar el mismo vestido negro durante años. Reparaba la ropa una y otra vez y evitaba comprar prendas nuevas porque entendía que ese dinero podía destinarse a inversiones con mejor rendimiento. Su alimentación también respondía a esa lógica, ya que elegía comidas simples y económicas para evitar gastos adicionales. Incluso cocinaba ella misma y prescindía del servicio doméstico.
Green tampoco confiaba demasiado en los bancos ni en terceros, por lo que llevaba consigo documentos financieros, bonos y títulos de propiedad, convencida de que debía controlar personalmente cada uno de sus bienes.
En 1907, durante una fuerte crisis financiera en Estados Unidos, prestó dinero a la ciudad de Nueva York cuando varias entidades atravesaban dificultades para responder a sus obligaciones, lo que reforzó su prestigio como inversora y volvió a demostrar el enorme capital que había acumulado.
Vivió una vida austera para acumular una fortuna impresionante que disfrutaron sus hijos.
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El cruel trato con su hijo
Uno de los episodios más polémicos de la vida de Hetty Green tuvo como protagonista a su hijo Edward, conocido también como Ned. Cuando el joven sufrió una grave lesión en una pierna, Green buscó atención médica gratuita para evitar afrontar el costo de un tratamiento privado. Según numerosas crónicas de la época, esa demora agravó el cuadro hasta provocar una gangrena que terminó con la amputación de la extremidad.
El episodio provocó un fuerte rechazo social hacia ella y alimentó todavía más su fama de mujer extremadamente avara. Muchos diarios la presentaron como un símbolo de la obsesión por ahorrar, incluso cuando la salud de su familia estaba comprometida.
Pese a esas críticas, Edward defendió públicamente a su madre durante varios años y explicó que actuaba de acuerdo con una filosofía de vida basada en el control absoluto del dinero.
Hetty Green murió el 3 de julio de 1916, a los 81 años. Su patrimonio quedó en manos de sus dos hijos y fue calculado en unos u$s100 millones de la época, una cifra equivalente a u$s2.300 millones actuales. Su historia sigue siendo uno de los casos más llamativos del mundo financiero por su extraordinaria capacidad para invertir y su nivel de austeridad.