Dos meses después de quedarse con el control total de Mastellone Hermanos, Arcor y Danone dieron otro paso en su estrategia para el negocio lácteo argentino. Las compañías crearon una nueva sociedad denominada “La Serenísima S.A.”, un vehículo orientado a inversiones y potenciales adquisiciones, en una señal de que la operación cerrada en marzo no era el punto final sino el inicio de una etapa de expansión e integración más profunda.
La novedad fue comunicada por Grupo Arcor a la Comisión Nacional de Valores (CNV). Según informó la compañía, la nueva sociedad tendrá como objeto “la realización de operaciones financieras y de inversión”, incluyendo la posibilidad de adquirir participaciones en empresas ya constituidas o futuras. El capital inicial será de $30 millones y estará integrado en partes iguales entre Arcor y Danone.
En el mercado, la decisión fue leída como un movimiento con fuerte contenido estratégico. No sólo por la creación del vehículo societario, sino también por el nombre elegido: La Serenísima S.A.. La utilización de la marca más emblemática del negocio lácteo argentino muestra la intención de construir una estructura integrada y con capacidad para avanzar sobre nuevas oportunidades dentro del sector alimenticio.
La creación de la sociedad llega después de una de las operaciones corporativas más importantes del año en consumo masivo. En marzo, Arcor y Danone terminaron de adquirir el 51% de Mastellone que seguía en manos de la familia fundadora y del fondo Dallpoint, tras varios meses de negociaciones, disputas por la valuación y amenazas de judicialización.
La operación terminó de consolidar una relación empresarial que lleva décadas. Arcor y Danone son socios en Bagley Latinoamérica desde 2005 y ya compartían negocios vinculados a Mastellone desde los años noventa, especialmente en yogures, postres y distribución.
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La Serenísima es la marca emblema de Mastellone Hermanos.
Mastellone Hnos.
Escala, eficiencia y un negocio que perdió rentabilidad
La nueva estructura también debe leerse a la luz del contexto que atraviesa la industria láctea. El sector mantiene volumen de producción, pero enfrenta una presión creciente sobre la rentabilidad.
El último balance de Mastellone mostró esa dinámica con claridad: la empresa sostuvo ingresos por $1,88 billones y despachos equivalentes a más de 1.400 millones de litros de leche, aunque cerró el ejercicio con pérdidas superiores a los $65.000 millones.
El problema de fondo es conocido dentro de la industria. Las empresas enfrentan costos productivos, logísticos y financieros cada vez más elevados, mientras el consumo masivo sigue debilitado y limita la posibilidad de trasladar aumentos a precios.
En paralelo, aunque las exportaciones crecieron en volumen, el negocio externo tampoco logra compensar completamente la presión sobre los márgenes, en un escenario marcado por problemas de competitividad y atraso cambiario.
En ese contexto, la búsqueda de escala aparece como una necesidad más que como una opción. La integración entre Arcor, Danone y Mastellone apunta justamente a ganar eficiencia operativa, centralizar decisiones y aprovechar sinergias industriales, comerciales y logísticas.
El esquema también termina de unificar negocios que históricamente funcionaban por separado: leche fluida, quesos y manteca por un lado; yogures, postres y productos funcionales por otro. A eso se suma la red logística de La Serenísima, una de las más extensas del país.
El mercado espera más movimientos
La constitución de “La Serenísima S.A.” abrió además nuevas especulaciones dentro del sector. En la industria creen que el vehículo podría utilizarse para avanzar sobre otras compañías lácteas, operadores logísticos o negocios vinculados al consumo masivo.
La lectura se da en medio de un proceso de concentración en el negocio lácteo. Con consumo débil y márgenes comprimidos, las empresas con mayor espalda financiera empiezan a ganar terreno frente a jugadores medianos o más expuestos al deterioro del negocio.
El movimiento de Arcor y Danone también coincide con un cambio estructural en la producción lechera, donde avanzan modelos más intensivos y tecnificados, con tambos estabulados, automatización y escalas mayores para sostener competitividad.
En ese escenario, la creación de La Serenísima S.A. aparece como algo más que una formalidad societaria. Para el mercado, funciona como una señal de que los grandes jugadores ya empezaron a posicionarse para una nueva etapa del negocio alimenticio argentino, donde la capacidad de integrar operaciones, comprar activos y ganar escala puede ser tan importante como producir.