Varios pacientes no podrán engañar con sus médicos al ser consultados por el tratamiento que siguen.
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Todo avance tecnológico que involucre la salud es celebrado por millones de personas, que día a día ven cómo su esperanza de vida se ve beneficiada por los mismos. Incluso, también se buscó mejorar en un sector en particular, con el fin de reducir costos altísimos generados por los errores de los pacientes.
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Muchas veces, son varios los que no siguen al pie de la letra lo que pide el doctor y eso hace que los tratamientos fallen o no puedan funcionar al 100 %. Por esto, un grupo de científicos encontró la forma de alertar a los especialistas en este tipo de situaciones.
La capsula que ayudará a los médicos a identificar si sus pacientes cumplen o no con el tratamiento.
MIT
Una cápsula y un chip: de qué trata este invento
El invento consiste en una cápsula medicinal que incorpora un microchip de radiofrecuencia biorresorbible. Al ser ingerida, la cápsula se disuelve dentro del sistema digestivo y, en ese proceso, emite una señal que confirma de manera automática que el medicamento fue efectivamente tomado.
El chip mide menos de medio milímetro por lado y está fabricado con materiales que el cuerpo puede digerir, como zinc y celulosa. A diferencia de desarrollos anteriores, no requiere que el dispositivo sea expulsado ni retirado, lo que elimina riesgos médicos y facilita su adopción a gran escala.
Cuál es el objetivo del invento
El objetivo económico es atacar uno de los mayores costos ocultos del sistema de salud: la falta de adherencia a los tratamientos. En Estados Unidos, alrededor del 50 % de las dos mil millones de recetas anuales no se toman correctamente. Ese incumplimiento genera internaciones evitables por un costo estimado de 15.2 mil millones de dólares al año, cifra que asciende a 31.3 mil millones en residencias de adultos mayores.
La cápsula apunta a reducir ese gasto permitiendo a médicos, clínicas y aseguradoras verificar la toma real de medicamentos críticos, como inmunosupresores o tratamientos prolongados. Si el sistema logra implementarse a escala, su valor no está en la pastilla en sí, sino en el ahorro sanitario que promete.
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