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7 de junio 2026 - 00:00

El nuevo gran truco de Barry Diller, el magnate que apuesta u$s18.000 millones a un negocio blindado contra la IA

El actual presidente del gigante de viajes Expedia, quiere comprar el 100% de la cadena de hoteles y casinos MGM. A sus 84 años, cree que la tecnología nunca podrá reemplazar una experiencia de lujo.

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Barry Diller es conocido por el apoyo de "Maverick" en el mundo corporativo, por su tendencia a ir contra la corriente.

En el gran teatro del capitalismo global, hay pocos protagonistas que dominan el arte de la reinvención permanente como Barry Diller. A sus 84 años, el legendario magnate de los medios y actual presidente del gigante de viajes Expedia Group concretó el que podría ser el movimiento definitivo de su carrera: una oferta de u$s18.000 millones para adquirir la totalidad de MGM Resorts International, el icónico operador de hoteles y casinos que domina cerca del 40% del codiciado Strip de Las Vegas.

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La jugada, instrumentada a través de su holding de inversión People Incorporated (recientemente renombrado tras décadas de operar bajo las siglas IAC), no es un mero capricho de alguien que decide sólo porque tiene el respaldo de su riqueza acumulada.

En realidad tiene como sustento un análisis macroeconómico audaz, formulado por un hombre que vio nacer la televisión moderna, la era de internet y que ahora fija su mirada en el horizonte de la automatización digital.

El argumento central del magnate para justificar la inversión en MGM confirma su perfil de ir contra la corriente: en un mundo crecientemente dominado por algoritmos, Diller cree que el ocio físico y las apuestas representan un santuario inexpugnable.

Según sus propias palabras, "son activos del mundo real que la inteligencia artificial no puede replicar o desintermediar fácilmente".

Su plan estratégico para MGM contempla además una reestructuración financiera profunda: busca absorber el 73,9% de las acciones que aún no posee -por ahora es el principal pero no el único accionista institucional con un 26,1%- y retirar a la compañía de la bolsa de valores.

Diller considera que la vigilancia permanente de Wall Street y las fluctuaciones del mercado de acciones actúan como un freno de mano que impide a MGM explotar su verdadero valor a largo plazo.

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El magnate realizó sus proyecciones de inversiones futuras.

De cadete en la agencia William Morris a la cima de Expedia

Para entender la apuesta de riesgo que involucra la oferta por MGM, es necesario tener en cuenta el perfil empresarial de Barry Diller. Nacido en San Francisco en 1942, Diller construyó su reputación en Hollywood a base de audacia e instinto.

Su estilo directo, propenso a los riesgos extremos y alérgico a los consensos corporativos, le valió en los círculos financieros el apodo de "Maverick", que del inglés puede traducirse como rebelde, inconformista, indomable.

Toda su carrera justifica ese apodo, según quienes lo frecuentan. Comenzó desde el eslabón laboral más bajo, como cadete en la mítica agencia de talentos William Morris, antes de ascender hasta convertirse en el presidente de Paramount Pictures con apenas 32 años.

Bajo su tutela, el estudio estrenó dos éxitos como Fiebre de sábado por la noche y Indiana Jones: cazadores del arca perdida.

Su faceta de arquitecto corporativo se consolidó en los años ochenta, cuando Rupert Murdoch le encomendó crear la cuarta gran cadena de televisión estadounidense: Fox Broadcasting Company.

Diller no solo la fundó, sino que desafió el monopolio de las tres grandes redes tradicionales (ABC, CBS y NBC) apostando por contenidos irreverentes como Los Simpson y Married with Children.

Sin embargo, a mediados de la década de los noventa, intuyó que el verdadero eje del poder se estaba desplazando de las pantallas tradicionales a las redes de datos.

Dejó Hollywood y comenzó a edificar un conglomerado de internet a través de InterActiveCorp (IAC). Con el tiempo, esa incubadora sumó y lanzó al ruedo plataformas que fueron dominantes en sus respectivos nichos: la aplicación de citas Tinder (Match Group), la plataforma de videos Vimeo, portales de medios y, fundamentalmente, la infraestructura de viajes más grande del planeta: Expedia.

Hoy, Diller es el presidente y director ejecutivo senior de Expedia Group, una constelación que agrupa a marcas globales como Expedia.com, Hotels.com, Vrbo y Trivago.

A través de este imperio, Diller procesa anualmente decenas de miles de millones de dólares en reservas hoteleras, lo que le otorga una posición de observación privilegiada sobre los flujos del turismo global. Nadie entiende mejor que él cómo, dónde y por qué la gente gasta su dinero cuando decide salir de casa.

La paradoja de la IA: el valor supremo de lo insustituible

El desembarco definitivo en el negocio de los casinos comenzó a fraguarse en el año 2020. En lo más crudo de la pandemia, con Las Vegas convertida en una ciudad fantasma y las acciones turísticas por el suelo, Diller vio una anomalía de mercado.

Mientras el consenso de los inversores huía del pánico al contagio, el holding de Diller comenzó a acumular silenciosamente una participación multimillonaria en MGM Resorts, argumentando que el deseo humano de congregarse, apostar y experimentar el entretenimiento en vivo regresaría con una fuerza descomunal. Y el tiempo le daría la razón.

Seis años después, en un mercado financiero obsesionado con valorar las compañías en función de su adopción de la Inteligencia Artificial (IA), Diller se propuso invertir los términos de la ecuación. Su tesis no ignora la revolución tecnológica, sino que intenta protegerse de ella mediante la tangibilidad.

"Comenzamos a invertir en MGM porque creíamos que representaba un tipo de negocio inusual: uno con activos del mundo real que la IA no puede replicar fácilmente y con oportunidades excepcionales de crecimiento digital. Esa convicción no ha hecho más que fortalecerse con el tiempo", detalló Diller en la carta que envió al consejo directivo de la corporación hotelera.

Según la mirada de Diller, un software de lenguaje generativo puede redactar un itinerario de viaje perfecto, optimizar los sistemas de reservas de Expedia o automatizar la atención al cliente de una aerolínea. Sin embargo, la IA jamás podrá emular la descarga de adrenalina de una mesa de dados a medianoche, la experiencia sensorial de hospedarse en las villas del Bellagio, presenciar un espectáculo del Cirque du Soleil o la gastronomía de autor en el Strip de Las Vegas.

Diller sostiene que en un ecosistema donde la creación de contenidos digitales, el software y los servicios administrativos corren el riesgo de verse devaluados por la automatización masiva, los espacios físicos de alta gama se convierten en el activo refugio definitivo.

El éxodo de Wall Street: por qué MGM debe ser privada

Diller ocupa una silla en el directorio de MGM desde hace años, aunque ahora se autoexcluyó temporalmente para evitar conflictos de intereses durante la evaluación de la oferta. Sostiene que el mercado público de acciones padece de “miopía estructural” respecto al valor real de la empresa.

Para un gigante del juego, vivir bajo el microscopio trimestral de Wall Street es complicado. Las presiones de los analistas financieros suelen exigir retornos inmediatos y castigar las inversiones de capital intensivas y a largo plazo que son necesarias para mantener la opulencia de los complejos hoteleros de lujo.

Por eso, al retirar a MGM de la bolsa, Diller y su equipo directivo -al cual prometió ratificar en sus puestos, incluyendo al actual CEO de la firma, Bill Hornbuckle- ganarán libertad operativa para ejecutar estrategias de expansión agresivas.

Entre esas estrategias, se destaca la consolidación de BetMGM, la división de apuestas deportivas y juego online operada en conjunto con el grupo británico Entain, la cual representa la punta de lanza digital para capturar el mercado de juego en los estados que continúan legalizando las apuestas virtuales.

En ese entorno privado, Diller estima que los dividendos generados por el Strip pueden reinvertirse directamente en tecnología y expansión en Asia, donde MGM posee operaciones clave en Macao. Y podría hacerlo sin necesidad de complacer las expectativas de ganancias por acción a corto plazo que exigen los fondos de inversión neoyorquinos.

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